Año 1. Nº 3. Marzo de 1997



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DONOSTIA-SAN SEBASTIAN: UNA PERLA JUNTO AL MAR
La parte vieja de la ciudad, un buen punto de partida

Sobre todo en verano, dispone de un apretado programa de eventos culturales


Pocas ciudades en el mundo pueden presumir de tener una localización tan favorecida por la naturaleza. Junto al mar, frente a una hermosa bahía y recorrida por un río. A ambos lados de la bahía, dos miradores de excepción. En definitiva, un regalo de la naturaleza.

Para conocer la ciudad hay que desplazarse a pie, sin prisas, deteniéndose en todo aquello que le hace destacar del panorama turístico mundial. Su fama le viene de antaño, cuando era sede regia de vacaciones estivales, pero hoy en día permanece ese halo de atracción que le mantiene como uno de los centros favoritos para los turistas, tanto del Estado español como extranjeros.

CONOCER LA CIUDAD

Se hace difícil resumir los atractivos de todo orden que ofrece una ciudad como Donostia-San Sebastián, magníficamente dotada de establecimientos hoteleros y servicios diversos, y con todo un mundo completo de posibilidades para sus visitantes.

También contribuye al éxito -¡y de qué manera!- el apretado programa de eventos culturales que adornan, especialmente en verano, a la capital donostiarra. Citamos como muestras el Festival Internacional de Cine de Donostia-San Sebastián, la Quincena Musical, la Aste Nagusia, el Festival de Jazz o las Regatas de Traineras en La Concha.

 


El Festival Internacional de Cine es uno de los principales eventos culturales de Donostia. En la foto, el lehendakari y su esposa, junto a Claudia Cardinale.


 

UN PASEO POR LA PARTE VIEJA

Aunque bien pudiera servir para terminar cualquier visita, la Parte Vieja de la ciudad es también un buen punto de partida.

Esta parte histórica se corresponde con lo que fue la ciudad antigua. Esta se encontraba dentro de un recinto amurallado, se recostaba bajo el monte Urgull, y sufrió diversos incendios y los efectos de diversas contiendas de guerra. Lo que hoy se contempla en la Parte Vieja, en su gran mayoría, son edificios construidos a partir de 1813, año en el que toda la ciudad, salvo raras excepciones, fue arrasada por las tropas del Duque de Wellington.

 


La Parte Vieja fue destruida en su mayoría en 1813.


 

Dentro del perímetro de la Parte Vieja se encuentran la iglesia de San Vicente (siglo XVI); la abadía de San Telmo (siglo XVI, en su traza original), donde actualmente se aloja el Museo Municipal, y la basílica de Santa María del Coro (siglo XVII, última reforma). Estos tres edificios son, con sus construcciones originales, los más viejos de la ciudad.

En esta Parte Vieja destaca, además, la llamada Plaza de la Constitución, felizmente reformada en 1993, que se construyó tras el desastre de 1813. Tiene una forma rectangular, toda ella porticada, y acoge lo que hoy es Biblioteca Municipal y antiguamente el Ayuntamiento de la ciudad. Este lugar es una referencia obligada para la historia y el presente de Donostia-San Sebastián.

La plaza de la Trinidad, nada lejos de la anterior, alcanza también gran personalidad gracias a que el ábside del Monasterio de San Telmo sobresale en este espacio, mostrando el estilo arquitectónico más antiguo: gótico vasco del siglo XVI.

No podía faltar en un pueblo marinero la presencia de un puerto de pescadores, que en su tiempo y hasta el siglo pasado también fue usado para fines comerciales. Está situado junto a la Parte Vieja, bajo el monte Urgull, y en la actualidad es un interesante centro de atracción por su tipismo y la presencia de dos interesantes museos: el popular Aquarium y el más reciente Museo Naval.

En estos dos museos se puede admirar una buena parte de la historia y las costumbres relacionadas con los vascos y la mar. Del Aquarium se puede destacar la presencia de un esqueleto de ballenato capturado en la costa guipuzcoana a fines del siglo pasado y una colección de peces vivos. En el Museo Naval se obtiene una brillante información del significado del mar en la vida de los pescadores vascos y del resto de la comunidad.

Este paseo se puede completar con la subida al monte Urgull, donde está el castillo de Santa Cruz de Malta, que tiene datada su primera construcción alrededor del siglo XI. Lo que hoy se ve corresponde a los siglos XVI, XVII y XVIII. Urgull es parque público desde 1921 y ha sido objeto de un trabajo de acondicionamiento de los paseos y caminos que lo harán aún más atractivo para servir de excelente mirador sobre la Bahía y el resto de la ciudad.

También se sugiere, con la debida precaución en los días de tormenta, acercarse a través de las escaleras del Aquarium hacia el llamado Paseo Nuevo y contemplar todo el ancho mar ante nuestros ojos.

POR LA CIUDAD

Al salir de la Parte Vieja hacia el centro de la ciudad nos encontramos con el Boulevard, que tiene en dos extremos el Ayuntamiento y el puente del Kursaal o Zurriola.

Lo que hoy es el edificio del Ayuntamiento donostiarra fue construido en 1882 y fue utilizado como casino con anterioridad. Este magnífico edificio está rodeado por los Jardines de Alderdi Eder, desde los cuales se inicia el popular y transitado Paseo de La Concha.

En el otro extremo, junto al río Urumea y el puente del Kursaal, se encuentra la plaza de Okendo. Aquí nos encontramos con el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina, dos de los edificios que mejor representan a Donostia-San Sebastián en el mundo entero gracias a la categoría del Festival de Cine que se celebra en septiembre.

Ya en el Ensanche, que se abre desde el mismo Boulevard, podemos visitar la plaza de Gipuzkoa, construida bajo los patrones del gusto francés, que tiene en su centro unos jardines diseñados por Ducasse. El conjunto está presidido por el Palacio de la Diputación Foral de Gipuzkoa, que fue construido entre 1879 y 1888.

En esta misma zona encontramos la plaza y la Catedral del Buen Pastor, donde se intuyen aires germánicos que nacen, sorpresivamente, de las manifestaciones neogóticas.

HACIA ONDARRETA

Desde el puerto y tras pasar junto al Ayuntamiento puede uno dirigirse hacia el barrio Ondarreta y su playa. En el placentero camino del Paseo de la Concha nos toparemos, ya cerca de Ondarreta, con el Palacio Miramar. Este edificio, ahora transformado en un dinámico centro de congresos y reuniones, fue desde 1893 a 1930 residencia veraniega de la familia real española. El carácter final de este lugar, incluyendo los jardines, obedece al trabajo de los arquitectos Selden Wornon, José de Goikoa y Ducasse. Desde sus jardines se tiene una privilegiada vista de la bahía.

Tras cruzar hacia Ondarreta, dejando a la izquierda el popular barrio del Antiguo, podemos visitar la playa del mismo nombre y, al finalizar el paseo, el Peine de los Vientos. Esta moderna pero ya emblemática obra del escultor vasco Eduardo Chillida está presente en todos y cada uno de los mensajes culturales del País Vasco.

Justamente arriba del Peine de los Vientos nos podemos acercar al otro promontorio que cierra la bahía, el de Igeldo. En su cima, la mejor vista sobre La Concha y la ciudad. Para acceder hasta aquí puede utilizarse el automóvil o, mejor, el funicular que parte detrás del Club de Tenis y asciende hasta el mismo mirador.

LOS PUENTES

 


Los puentes son una característica de Donostia.


 

En nuestro recorrido por la ciudad nos habremos encontrado, casi con toda seguridad, con puentes que también caracterizan a Donostia-San Sebastián. El primero de ellos, no por ubicación sino por edad, es el de Santa Catalina. Este fue el único paso que permitía cruzar el río Urumea durante cientos de años. Hasta 1870 su construcción era de madera, y a partir de entonces se dio forma a uno nuevo siguiendo los cánones de la arquitectura neoclásica.

El puente del Kursaal, el más próximo al mar, se inauguró en 1921, con sus famosas farolas de sabor modernista.

El puente de María Cristina, levantado en la época del mayor desarrollo de la ciudad como centro de vacaciones estivales, sigue el modelo del puente de Alejandro III de París, erigiéndose cuatro obeliscos en los grupos escultóricos de las entradas.

OTROS PUNTOS DE INTERES

Con el recorrido descrito no se terminan los puntos de interés de Donostia-San Sebastián, ya que todavía es posible, entre otras cosas, acercarse hasta el palacio de Aiete, construido en 1878, con un bonito parque abierto al público, o bien tomar un barco para llegar hasta la isla de Santa Clara desde el puerto.

Tampoco sería justo hablar de esta ciudad sin reseñar la amplia oferta gastronómica que presenta, con afamados cocineros y restaurantes de prestigio, o aludir a la Parte Vieja sin contar que es un centro de atracción de todo tipo de público por sus establecimientos hosteleros y su tipismo.

Por otra parte, esta ciudad está desarrollando en los últimos años un intenso programa de celebración de congresos y reuniones empresariales, institucionales y profesionales, que cuentan así con el marco incomparable de Donostia-San Sebastián para sus momentos de ocio. En el futuro inmediato, esta oferta se verá ampliada gracias a la entrada en servicio del Palacio Kursaal, actualmente en construcción, que colmará todas las exigencias técnicas y de capacidad de cualquier clase de reunión o actividad social.

ALBERTO CASTRO

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