Año 1. Nº 3. Marzo de 1997



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RAFAEL ALBERTI: MARINERO DEL CANTABRICO
Sólo ha visto un partido de fútbol en su vida y lo inmortalizó hace casi 70 años

"No temo a la muerte, sino al dolor"


¿Se puede concebir un Rafael Alberti sin la proximidad del mar, del hábil rotulador que pinta palomas de la paz y, sobre todo, sin poesía? Estoy seguro de que cuando el Festival Internacional de Cine de San Sebastián le invitó a asistir a su edición correspondiente a 1989, el poeta gaditano se dijo: "Allá voy porque voy a gozar de pleno del Cantábrico y sus excelencias". El hombre del pelo albino, de la mente despejada, el superviviente de un grupo de intelectuales que ya son leyenda como "Generación del 27", se asomó a la barandilla de la playa de La Concha donostiarra y contempló la placidez de esas olas a las que él ha cantado en innumerables ocasiones.


Rafael Alberti, fotografiado en Donostia en 1989.

-Aquél fue un grupo que simbolizó la amistad. Lo mismo que antes lo fue la del 98. Difícilmente se podrá producir un fenómeno similar. Claro que nunca se puede asegurar que esos fenómenos sean irrepetibles.

-¿Es lo que más le marcó en la vida?

-No. No hay nada comparable con la guerra civil española. Eso sí que nos marcó a todos los que la vivimos.

-¿Más que la llamada Gran Guerra?

-Más incluso. Le diré una cosa: yo he vivido todas las guerras de este siglo y puedo decirle sin temor a equivocarme que, pese a que todos los conflictos bélicos son deleznables, fue el español el peor de todos. Tenía 12 años cuando estalló la Primera Guerra Mundial y recuerdo que la gente decía a nuestro alrededor que aquélla era la gran desgracia del siglo. ¡Qué lejos estaban quienes así opinaban que aquello sólo era el principio! No olvide la dictadura de Primo de Rivera y luego nuestra guerra donde. por tener un papel importante, tuve que escapar en 1939 con el alma llorosa por todo lo que dejaba atrás.

-¿Fue muy duro su exilio?

-Para muchos supuso la muerte, pero yo pude salvarme porque me ayudó mucho el hecho de que toda la América Latina hablara mi mismo idioma y me hiciera pensar que, en cierto modo, estaba en casa.

-Contrariamente a lo que hicieron muchas figuras de la Generación del 27 -Altolaguirre, Garfias, Cernuda, etc.-, que fijaron su residencia en México, usted se fue al sur, a Argentina...

-Todos ellos están muertos. Quedo yo como una reliquia, pero una reliquia agradecida a Argentina, donde pude escribir lo que creo que es la parte más importante de mi obra. Allí me ofrecieron trabajo, me adelantaron dinero a cuenta... Porque, ¿sabe usted?, cuando llegué allí, por no tener no tenía ni pasaporte. Rehice mi vida y trabajé hasta que la policía empezó a registrar mi casa un día y otro... Tuve que marchar a Italia, donde pasé catorce años.

-¿Es allí donde le dio a usted por pintar?

-Precisamente. Allí me enseñaron a hacer grabados y me permitieron exponer muchas veces. Incluso en Roma se premió mi obra.

 


Dibujo que Alberti dedicó al autor de esta entrevista.


 

-¿Cómo le puedo definir mejor, como pintor o como poeta?

-Como ambas cosas. ¿O es que, acaso, concibe la pintura sin poesía?

-¿Y si tiene que elegir entre teatro y poesía...?

-Me quedaría con ambos géneros. Creo que los dos son espejos de la sociedad.

-¿Cómo ve la española de hoy?

-Bastante inmadura.

-¿Qué tipo de poesía le gusta como lector?

-Me encanta todo tipo de poesía. Desde la más sencilla a la más complicada.

-¿Qué hubiera sido de usted de no haber existido el mar?

-Que Alberti no hubiera sido Alberti. Ese elemento ha marcado mi vida casi tanto como la guerra civil.

-¿"Marinero en tierra" para siempre?

-Para siempre. Es la obra que me abrió las puertas del mundo.

EL FUTBOL

-¿Se comprende así su paseo a la orilla del Cantábrico?

-Es que yo tengo muy buenos recuerdos de este mar. Una vez, estando en Santander, me llevaron a ver un partido de fútbol...

-No creo que sea usted muy "futbolero". Le llevarían a la fuerza...

-...Casi. Y fui por esa ilusión que se tiene a los 25 años de conocer cosas nuevas. Era el domingo 20 de mayo de 1928 y se jugaba en el campo del Sardinero la final del Campeonato de España de Fútbol entre la Real Sociedad y el Barcelona. Había en la ciudad una expectación fuera de lo común. Tal vez me viera envuelto en ella y por eso acudí. Estuve sentado junto a Carlos Gardel, que entonces hacía furor entre el elemento femenino.

-Fue, si no me equivoco, el partido que dio pie a su poema dedicado a Platko, ¿no? Lo recuerdo por lo atípico que resulta en su obra.

-Sí. El Barcelona jugaba con una plantilla épica: Samitier, Zamora y un portero que se llamaba Platko. El partido fue muy reñido. En un momento determinado, estando ganando los vascos, le hicieron una entrada muy fuerte a Platko lesionándole de un golpe en la cabeza. Lo sustituyeron, pero al poco tiempo, el portero regresó con la cabeza ensangrentada. Tal vez animados por la figura casi épica de este jugador, sus compañeros marcaron el gol del empate. Fue un partido maravilloso y, además, la cancha de fútbol estaba e la orilla del mar. Cuando salí quise reflejar aquella visión de PIatko convertido en casi un dios griego, con sus rubios cabellos ensangrentados... No he visto otro encuentro de fútbol, porque creo que un partido como aquel no lo volveré a encontrar más.

"... Camisetas azules y blancas, sobre el aire,
camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote,
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiendo en la yerba de otro país. ¡Tú, llave,
Platko, tú, llave rota,
llave áurea caída ente el pórtico áureo!...".

-...Un poema que posiblemente sea el único que se ha hecho en castellano a un partido de fútbol. Fue muy comentado. Se publicó en ABC y adquirió enorme popularidad. Tanto que el equipo catalán lo tenía escrito en la escalera del Club hasta que vino la guerra y lo tuvieron que quitar con Franco.

-Inmortalizó al jugador húngaro a través de la poesía, ¿no?

-A Platko le volví a ver en 1946 en Chile cuando estaba de entrenador de un equipo de aquel país. Poco después me dieron la noticia de su muerte.

MUERTE Y DOLOR

-Es muy duro ver cómo mueren los amigos al lado de uno, ¿verdad?

-Ciertamente. Y eso que yo no temo a la muerte, sino al dolor.

-¿Le gusta el cine? Lo digo porque tiene un interesante libro dedicado a unos determinados artistas que, imagino, son los que más huella han dejado en usted.

-Hice un libro. efectivamente, que se titula "Yo era un tonto" y está dedicado a los tontos mudos del cine: Charlot, Harry Langdon, Buster Keaton... A todos hasta los Hermanos Marx. Acabo con éstos porque creo que aquella etapa fue muy bonita.

-Con referencia al País Vasco tiene usted un poema no muy conocido, pero no por ello menos interesante. Me refiero al titulado "Guernica" y no quisiera acabar este encuentro sin oírselo recitar con esa voz tan personal que tiene.

-Bueno, si cree que es una buena forma de cerrar una entrevista... Sitúese mentalmente ante la obra de Picasso sobre este motivo.
"Le acusaste con furia
levantando hasta el cielo tu lamento,
los gritos del caballo
y sacaste a las madres
los dientes de la ira
con los niños tronchados.
Presentaste por tierra
la rota espada del desertor caído,
las médulas cortadas
y los nervios tirantes fuera de la piel.
La angustia, la agonía, la rabia
y el asombro de ti mismo.
Tú, pueblo del que saliste un día,
y no lloraste a esto
ni el Marne ni Verdún.
Ningún otro nombre
merecedor del recuerdo más hondo.
Aunque allí la matanza fue mucho más terrible.
Lo llamaste Guernica
y es del pueblo vasco,
aunque tantos no quieran,
el que está siempre allí,
el que tuvo el arrojo de poner en tu mano
esa luz gris y blanca
que salió entonces de su sangre
para que iluminaras su memoria".

ALBERTO LOPEZ ECHEVARRIETA
Fotos: ALE

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