Año 1. Nº 3. Marzo de 1997


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IGOR YEBRA: LA PROMESA SE HIZO REALIDAD
El bailarín bilbaino, contratado como estrella del Australian Ballet

Tras triunfar en Rusia, le llueven ofertas de las principales compañías del mundo


"Ballet: La gran promesa". Así titulaba en portada "Imagen Vasca" un reportaje en su número 5, correspondiente al mes de abril de 1988. Se refería al bailarín bilbaino Igor Yebra. Nueve años después, la promesa se ha convertido en una sólida realidad e Igor Yebra es ya uno de los bailarines más cotizados del mundo.

 


El público protestó la concesión del segundo premio en el Festival Internacional Maya Plisetskaya. Exigían el primero.


 

Han pasado nueve largos años, en los que Igor ha venido trabajando muy duro en una compañía privada de ballet de Madrid, hasta que, hace un año, decidió romper las ataduras y volar por libre. Y en este tiempo "he hecho mucho más en repertorio clásico que en los nueve años anteriores. Estoy volviendo a empezar", asegura a IMAGEN VASCA ON LINE.

LLUVIA DE OFERTAS

A sus 24 años, le llueven ofertas de las principales compañías de ballet del planeta. Pero esta vez Igor no quiere precipitarse. De momento, ha llegado a un acuerdo para bailar, durante tres meses, como bailarín invitado, en el Australian Ballet, al que se incorporará el próximo 23 de julio. Si todo marcha bien, firmará un contrato por un año como primer bailarín. No quiere plazos más largos. No está dispuesto a volverse a hipotecar.

El pasado mes de diciembre ha supuesto un punto de inflexión en su carrera. El sabía que podía hacerlo y lo apostó todo en el Concurso Internacional de Danza Maya Plisetskaya, el más prestigioso a nivel internacional, que cada dos años se celebra en el Teatro Marinski, de San Petersburgo.

Competir con los míticos bailarines rusos en su propia casa y obtener un reconocimiento público por ello es algo casi impensable en el mundo del ballet clásico. El segundo premio que le otorgó el jurado tuvo sabor a primero. Así lo entendió el público, que protestó de forma ostensible la decisión, y así lo entendieron los directores de muchos de los grandes ballets, que presenciaron las actuaciones, y que no dudaron en plantear sus ofertas. The New York City Ballet, el Teatro Colón de Buenos Aires, el Scottish Ballet, The American Ballet Theatre... han sido algunos de ellos. Pero Igor se ha decidido por viajar a las antípodas.

El Australian Ballet es, entre las grandes compañías, la que más representaciones realiza al cabo del año, unas 180, principalmente entre Sidney y Melbourne, así que van a ser tres meses intensos. Pero hasta su incorporación a este ballet tampoco va a quedarse quieto. Le esperan actuaciones con el Bolshoi (cuyo director, Vladimir Vasiliev, le ha ofrecido interpretar "Don Quijote"), el ballet del Kremlin, el Stanislavski (bailando "Giselle")...

Antes del éxito en San Petersburgo, y también en 1996, en Nervi (Italia), se le había concedido el premio "Danse et Danse" al mejor bailarín masculino del años. Recientemente ha actuado como invitado en Moscú y en Niza, con el ballet de la Opera, donde ha protagonizado "Cascanueces". Con anterioridad había realizado una gira por los Estados Unidos, con la compañía Atterballetto, interpretando "Romeo y Julieta".

De Rusia opina que ha sido tierra de grandes bailarines, pero que se han quedado muy atrás en el campo cultural. "Desconocen a los Beatles", dice para reforzar su teoría. Y añade que, aunque hablemos de danza clásica, las técnicas evolucionan. "También al baile clásico hay que quitarle el polvo de vez en cuando". Ahora es, en su opinión, el momento de los bailarines hispanos, que "siempre han tenido mucho talento, pero que se han venido orientando hacia el baile flamenco".

Aspira a asentarse en una compañía sólida, de las que, según cree, sólo hay unas ocho en el mundo (una de ellas el propio Australian Ballet). Pero también cree que estas compañías limitan a sus bailarines, "porque casi todos los directores son coreógrafos, y quieren ver sus coreografías representadas".

Aún tiene por delante mucha carrera, así que ni se plantea llegar un día a ser director o coreógrafo. "Físicamente, un bailarín hombre puede llegar hasta los 35 ó 40 años. Las mujeres algo más. El problema está en que se trata de una profesión muy absorbente. Hay pocas que exijan tanta dedicación. Sólo se vive para ella. Así que muchos, cuando llegan a los 30 años ya están quemados y lo abandonan todo. Espero que no sea mi caso".

UNA PROFESION DURA

Porque es una profesión dura y, además, mal pagada en relación con el esfuerzo. Sólo los que destacan pueden estar contentos con su sueldo. Se le escapa a Igor la comparación con los futbolistas en la que los bailarines quedan muy mal parados. Y explica que Nacho Duato, que ha pasado por diferentes puestos, ha dicho que donde más se gana es en la dirección, y no en el baile como tal.


Hace nueve años, "Imagen Vasca" le dedicó la portada.

Pero para Igor el ballet ha sido una ilusión desde muy pequeño, a pesar de que, para un niño, era una opción difícil. En la entrevista que concedió a "Imagen Vasca" en 1998, recién cumplidos quince años, contaba las dificultades que suponía dedicarse a algo que "la gente pensaba que era cosa de chicas o de amanerados", y por lo que alguno se había burlado de él.

La dedicación completa que exige esta profesión también le ha obligado a alejarse físicamente de su entorno familiar, pero no puede olvidar que su afición le viene por parte de su madre, Milagros Iglesias, que dirige una academia de danza en Deusto.

Ahora Igor, con un nombre de resonancias rusas que parecía predestinarlo para esta profesión, ha iniciado el salto más grande de una carrera llena de saltos: el que le va a convertir en estrella del Australian Ballet. "El lago de los cisnes", "Romeo y Julieta", en la versión de Cranko, "Tema y variaciones", de Balanchine, "Apolo", un ballet de Twyla Tharp, y una creación que ella misma realizará para Igor es lo que por ahora le espera en Australia. Y después... lo que el quiera. Ofertas no le van a faltar.

JAVIER BUSTAMANTE

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