Año
1. Nº 9. Septiembre de 1997
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DOS RUTAS DISTINTAS HACIA LA TUMBA DEL APOSTOL DE COMPOSTELA Se cree que el camino costero hacia Santiago empezaba en las actuales Hondarribia e Irún ¿Una vivencia emocionante? ¿Una rememoración de
lejanas épocas medievales en las que "cualquier tiempo pasado fue
mejor"? ¿Una simple promesa religiosa? ¿Un hobbie para desocupados
con pretensiones culturales? ¿Las indulgencias prometidas? ¿Un
modo de unir deporte e historia? Todos ellos pueden ser móviles
que empujen a la gente a tomar su mochila y salir al Camino. Lo cierto
es que cada año aumenta el número de los peregrinos o simples
viajeros ocasionales que se apuntan al tema de lo Jacobeo.
Plaza principal e iglesia de Santo Tomás en el Barrio Bolibar de Markina (Bizkaia). Euskal Herria no ha permanecido nunca ajena a este trasiego viajero de conchas, báculos y calabazas. Desde muchos siglos atrás -hay noticias de esta devoción desde los siglos IX y X-, los peregrinos circulaban ya por nuestros caminos con su aportación de noticias e historias traídas de las lejanas tierras por las que iban pasando. Allanadas, hoy, las dificultades físicas y las barreras mentales, las rutas jacobeas del País Vasco se abren al visitante colmadas de alicientes y pletóricas de historia. Nunca mejor que en nuestros días ha sido posible surcar estos caminos con mayores comodidades materiales y relajos de espíritu tales. EL PIONERO DE LAS PEREGRINACIONES El primer peregrino extranjero del que hay noticia es el Obispo francés Godescaldo de Puy, que a mediados del siglo X se hizo acompañar de algunos de sus seguidores más fieles y creyentes hasta llegar a Santiago, allá por las tierras donde decían que estaba el mito del final del mundo o Finisterrae. Una vez en Compostela, veneró lo que se ha considerado tumba del Apóstol. Tras él llegaron al Campo de la Estrella muchedumbres enfervorizadas y también hordas de picaresca, provenientes de toda Europa y aún mas allá de ella. De este modo, se fueron configurando caminos diversos para llegar hasta el Apóstol. Pero estas nuevas vías trajeron también beneficiosos intercambios de formas de vida, de conocimientos, de cultura en suma, que nos enriquecieron a todos.
EUSKAL HERRIA EN EL CAMINO Iglesia de la Asunción y El Manzano, en Hondarribia (Gipuzkoa). Sin embargo, antes que el Obispo Godescaldo, venido de Francia, fue Alfonso II, "el Casto" (789-842), el primero de entre los peninsulares que rindió veneración a la tumba de Compostela. Lo hizo a las primeras noticias que tuvo del asunto. La ocupación territorial del Emirato de Córdoba impedía los desplazamientos libres. Por eso existe la certeza casi absoluta de que la comunicación con Compostela se hacía en aquel tiempo por la costa cantábrica.
Iglesia de San Juan en Pasaia (Gipuzkoa). La llamada ruta del interior o francesa podemos comenzarla en Oiartzun, pasando después por Astigarraga, Hernani, Andoain, Villabona, Tolosa, Alegia, Ordizia, Beasain, Segura, Zegama y, a través del célebre túnel de San Adrián, introducirnos en tierrras alavesas. Desde la boca sur del túnel descenderemos hacia Urkilla, y Zalduondo. De aquí, el Camino pasa por Ordoñana, Salvatierra-Agurain, Gazeo, Ezkerrekotxa, Elburgo, Estibaliz, Villafranca, Arcaya, Vitoria-Gazteiz, Armentia, Ariñez, La Puebla de Arganzón, Armiñón, Rivabellosa, Zambrana, y Salinillas de Ebro, para entrar de lleno en tierras riojanas y burgalesas. Por ambas rutas los alicientes para el turismo actual se cuentan por miles. Es imposible, por tanto, hacer una descripción completa, y al mismo tiempo breve, de cualquiera de los dos caminos en tan escaso espacio como el de un reportaje "on line", como éste. Ahí estará el motivo de que, en adelante, seamos selectivamente caprichosos en las indicaciones de los hitos de interés, dejando quizá muchos y muy atractivos, para ocasiones posteriores.
Hubo también un número considerable de peregrinos que,
llegados por mar desde países como Holanda, Inglaterra o Alemania,
desembarcaban en los puertos de nuestra costa y, desde ellos, se sumaban
al Camino. Estos, por cercanía, casi siempre utilizaban la
ruta del litoral. Con posterioridad, las garantías de seguridad
que ofrecían los reyes de Navarra, consolidaron la ruta del interior.
Pero si hemos tomado la ruta de la costa, debemos señalar como merecedoras
de visita la Iglesia de Santa María del Juncal, en Irún (del
siglo XVI) y la de la Asunción y el Manzano, en Hondarribia.
Iglesia Románica de San Martín, en Gazeo (Araba). En la ruta costera hay también otras sorprendentes iglesias, como la de San Juan Bautista, en Pasaia, del siglo XV. Al llegar a Donostia-San Sebastián, los puntos de interés relacionados con la Ruta se multiplican: el viejo castillo de la Mota, en el monte Urgull, la iglesia parroquial de San Vicente, del siglo XV, que tuvo un uso militar, la basílica de Santa María, edificada en 1745 sobre otras muy anteriores, y
un sin fin más de puntos interesantes.
Claustro de la Colegiata de Cenarruza-Ziortza (Bizkaia).
Puente medieval en Balmaseda (Bizkaia).
Salvatierra-Agurain (Araba). Iglesia de Santa María (siglo XV; espadaña del siglo XVII. Portada gótico flamígero.
En tierras alavesas la calzada discurre por Zalduondo, llena de alicientes para una parada: Palacio-museo de Lazarraga, Iglesia de San Saturnino, Cruceros de Santa Marina y Lazarraga, puente medieval...Después, Salvatierra-Agurain, con no menos ilustres casonas e iglesias, como las de Santa María y San Juan.
Vista general de la población de Zalduendo (Araba). Gazeo nos depara la sorpresa de sus pinturas góticas lineales, del siglo XII, que se pueden ver en la Iglesia parroquial de San Martín. Mas adelante, el santuario-fortaleza de Estíbaliz, del año 932, destaca por su puerta Speciosa, con la escena de la Anunciación y por albergar la imagen de la patrona de Araba, una talla del siglo XII. Ya en Vitoria-Gazteiz, los monumentos de interés se suceden uno tras otro, especialmente en el casco antiguo de la ciudad. La actual calle que lleva el nombre de Santiago era parte del Camino. En la Plaza Nueva se situaba la primitiva iglesia juradera de San Miguel, reedificada en el siglo XIV. En su pórtico podemos ver la imagen en piedra de la Virgen Blanca, patrona de la ciudad. No lejos de allí, se sitúa el Convento de San Francisco de Asís, que data de 1214 y fue fundado por dicho santo a su regreso de la visita a Compostela. Saliendo de Vitoria-Gazteiz, Armentia es encrucijada del Camino Romano y el de San Adrián o francés. Aquí está la iglesia de San Andrés, hoy de San Prudencio, que fue sede del Obispado de Calahorra durante la amenaza musulmana. La población fue cuna del patrono de Araba, San Prudencio. El final del tramo vasco del Camino se hace por los pueblos de Ariñez, La Puebla de Arganzón, villa amurallada de gran importancia estratégica, y Armiñón, que debe su importancia a ser encrucijada de caminos y poseer un antiguo puente de ocho ojos sobre el río Zadorra. Llegamos finalmente a la población de Rivabellosa, que cuenta con ermita románica y, bien por aquí o bien descendiendo hasta Zambrana, se cruza el Ebro para introducirse en tierras riojanas y burgalesas. Con el ánimo bien dispuesto, iniciar cualquiera de estas rutas
sin prisa, mochila al hombro, renovando energías en las paradas
que nos apetezcan, será como un regreso al tiempo pasado, pero con
las ventajas del confortable presente. Que haya salud para el Camino.
JORGE SOBRADO (texto y fotos)
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