Año 1. Nº 8. Agosto de 1997


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GENA ROWLANDS: "ME HABRIA GUSTADO ESTAR MAS TIEMPO EN EUSKADI"
La viuda de John Cassavetes recordó en Donostia-San Sebastián la personalísima obra de su marido
 
"Trabajábamos en películas populares para hacer luego las que nos interesaban"
Conocí personalmente a Gena Rowlands cuando vino a Donostia-San Sebastián para participar en la edición del Festival Internacional de Cine correspondiente a la edición de 1992. Tenía a la sazón 56 años, pero no los aparentaba. A primera vista daba la impresión de ser una gran señora. Una señora con clase, vamos. No nos equivocamos en la valoración.
 
Un momento de su estancia en Donostia-San Sebastián.

Vino a Euskadi para presentar una retrospectiva del cine que había hecho su marido, el actor y director John Cassavetes, uno de los realizadores más personales que ha tenido el moderno cine norteamericano. Debe entenderse, por tanto, que su presencia obedecía a un acto donde ella tenía que comentar la obra de otro, en este caso su esposo. No necesitaba exagerar mucho, porque Cassavettes, muerto el 3 de febrero de 1989, nunca ha precisado que nadie le ponga por las nubes. La sola visión de sus filmes sirve para cerciorarnos de que se apartó siempre, o casi, de esas reglas del cine espectáculo que han caracterizado al cine de Hollywood en favor de uno más personal y, digamos, "de firma".

Gena Rowlands hizo acopio de su clase (lo he dicho antes, ¿no?) para darnos a conocer el perfil humano del hombre con el que compartió treinta y cinco años y que, tras su prematura muerte, ha entrado a formar parte de los mitos.

-John ha sido uno de los últimos genios de la industria del cine -nos dijo-. Producía, escribía, dirigía, interpretaba e, incluso, a veces componía la música de sus filmes. Era una especie de hombre-orquesta al estilo de Chaplin, Welles y Allen. Durante tres décadas hizo películas con estilo muy característico.

-¿Qué recuerdo personal guarda de su marido?

-El mejor de todos ellos: los hijos maravillosos que Dios nos dio y las películas que hemos hecho juntos.

Vestida de negro con una casaca roja, Gena, la inolvidable protagonista de "Faces", "Gloria" y "Tempestad", luce un precioso crucifijo de oro sobre su pecho, que delata sus fuertes convicciones cristianas. Unió su vida a la de Cassavetes cuando apenas tenía dieciocho años y, desde entonces, ambos vivieron unidos en muchas aventuras cinematográficas.

ORGULLOSA

-Me siento orgullosa por haber dado vida a unos guiones maravillosos que confeccionamos entre John y yo. Hoy en día quienes revisan nuestras películas suelen apreciar la calidad de unos diálogos que, en su momento, nos dieron mucho trabajo. Mi marido los escribía, a veces, hasta el amanecer para luego, durante el desayuno, decirme: "Gena, dime esta frase como si estuvieras en una situación de extrema gravedad". Lo hacía. El la corregía si era necesario, modificando tal vez una secuencia entera que le había llevado toda la noche. Era incansable en este aspecto. Cuidaba mucho sus realizaciones.

-A usted siempre la he considerado como una excelente actriz, incluso fuera de la dirección de su marido. La recuerdo en aquella confusa película de Paul Mazursky titulada "Tempestad" o a las órdenes de Woody Allen. Con uno u otro, siempre ha salido bien parada aunque, todo hay que decirlo, no siempre los guiones han estado a la altura de las circunstancias.

-Gracias por el cumplido, pero ya le he dicho antes que, en el caso de Cassavetes, yo siempre jugué con la ventaja de que antes de empezar el rodaje en el plató ya se había producido una magia especial entre director-guionista-guión e intérprete que, evidentemente, beneficiaba al producto.

-Quiere decir que no le costaba mucho dar vida a los personajes creados por John, ¿no?

-Mire usted, es muy difícil ser mala actriz con un papel bueno, así como es difícil ser buena con un mal guión.
 


Con su esposo, John Cassavetes, en una fotografía de Sam Shaw, reproducida en postal por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

-...¿y fallecido su marido?

-Lo que hago ahora no es nada comparado con lo que hacía con él.

-¿Hay buenos guionistas en el cine actual? ¿Ha pasado ya la época dorada en que firmaban guiones gentes tan cotizadas como el mismo Faulkner? Le digo esto porque, a veces, películas de gran impacto popular tienen unos diálogos "para besugos", que decimos en España.

-¿Faulkner dice? ¿Y qué me dice de Anita Loos, Dudley Nichols, Herman Mankiewicz, Trumbo...? Hubo una época dorada, efectivamente. Hoy la cuestión está cambiando mucho tanto en los papeles que se escriben para los hombres como los de las mujeres. Sin embargo, hay temas que no varían. Yo me enamoré de mi marido en una época muy confusa. Empecé a trabajar a los catorce años y sé bastante de esto.

La colaboración actriz-director de Gena Rowlands y John Cassavetes tiene su semejanza en la historia cinematográfica con otras parejas, como las formadas por Federico Fellini y Giulietta Masina, Ingmar Bergman y Liv Ullman... Entre tales colaboraciones es difícil encontrar la línea que separa la actuación de la dirección. Cada uno influye en el otro en una simbiosis que niega análisis. Se puede describirlo como "arte grande" y dejarlo así.

-John tenía una gran afinidad para los personajes excéntricos. Pero él no los veía así. Los veía como individuos cuyos fuertes puntos de vista no se pueden catalogar. La mayoría de las personas se conforman bastante pronto con lo que tienen. Generalmente aparece un "golpe" de individualidad en la adolescencia o a partir de los veinte años. Pero este individualismo cae en una categoría fácilmente aceptada por la sociedad. Realmente es la sociedad la que cataloga a la gente.

-La influencia del cine de John Cassavetes es innegable en muchos realizadores jóvenes. Está claro que para muchos ha sido un maestro y el prototipo de cineasta independiente que hace el cine que le interesa y "pasa" del resto. No obstante, su marido tiene también una amplia filmografía como actor únicamente.

-Sí, intervino en muchas películas comerciales aportando su físico: "Más rápido que el viento", "Código del hampa", "Doce del patíbulo", "Pánico en el estadio", "Objetivo: Patton"...

"LA SEMILLA DEL DIABLO"

-...no se olvide de la inquietante "Semilla del diablo", donde Polanski nos puso a todos el miedo en el cuerpo...

-¿Cómo me voy a olvidar de "Rosemary's baby"? Cuando Roman le propuso a John hacer el papel de esposo de Mia Farrow, lo primero que hizo fue pedir el guión. Polanski le había dicho que se trataba de una película "diferente". Lo leímos la primera noche y un sentimiento de inquietud invadió nuestros cuerpos. A la mañana siguiente le dije a John: "¿Sabes que no he dormido pensando en el dichoso niño?". Inmediatamente, en pijama, cogió el teléfono, marcó el número de Polanski y se comprometió.
 


Hablando con Susan Strasberg, durante su presencia en Donostia-San Sebastián.

-Le recuerdo también como actor invitado en aquellas viejas series de televisión, como "La hora de Alfred Hitchcock", "El virginiano", "Colombo", "Viaje al fondo del mar"...

-John hacía esos trabajos para almacenar un pequeño capital con el que luego rodaba las películas que sentía como propias. Sí, me ha dicho antes que muchos jóvenes están influenciados por él y tiene razón. Ese estilo personal es que le gusta a muchos, pero no siempre se puede hacer lo que a uno le da la gana. Nosotros tuvimos suerte en una etapa muy bonita de nuestras vidas. Los dos éramos actores. Cuando no teníamos dinero trabajábamos con otros para luego poder hacer nuestras películas. Cuando los directores tienen dinero es muy difícil poder hacer lo que nosotros.

John Cassavetes, de origen griego, era un tipo bajito y nervioso que aportó a sus personajes unos tics característicos y una expresión algo siniestra. Ustedes, sin duda, lo recordarán en "Doce del patíbulo" -por sólo citar un título sumamente popular- dando vida a un asesino psicótico con tal fuerza de convicción que estuvo a punto de obtener el Oscar al mejor actor secundario. Como director hizo un cine intimista de intenciones, anárquico y caprichoso de factura que fue muy bien recibido por amplios sectores de la crítica.

-Era un director muy excéntrico. El siempre estaba esperando esa pequeña cosa extra que compensa el trabajo.

-Casi siempre trabajaban ustedes con el mismo equipo, dando la impresión de que, durante el rodaje, se movían como una familia. ¿Cierto?

-Muy cierto. John tenía una gran capacidad para dirigir a los intérpretes y estos confiaban plenamente el él yendo más allá de su propia capacidad. No traicionó nunca a los suyos. Tal vez por eso en su momento se le reverenció y hoy se le recuerda con cariño. No suelen darse casos como éste en una industria como la del cine norteamericano, donde las envidias y las zancadillas están a la orden del día.

Gena Rowlands se muestra orgullosa de los dos hijos que tiene de John Cassavetes, Nicholas David, que ahora tiene 38 años, y Alexandra Katherine, con la que estuvo en Donostia-San Sebastián, y tiene 32 años. Mujer culta, se mostró en todo momento interesada en el País Vasco y su cultura milenaria.

-A John le habría gustado mucho estar aquí, ahora mismo, con nosotros, repasando sus películas, comentándolas con ustedes, recorriendo el País Vasco... Le gustaba mucho analizar a las personas, estudiar sus costumbres, su idiosincrasia... Era muy buen filósofo y es que esto le debía venir de sus antepasados griegos. Decía que la filosofía es amor, el estudio del amor. "Philos", en griego, significa "amigo" o "amor", que son sinónimos. "Ophy" es "el estudio de". De ahí que poseer una filosofía, señalaba, es sinónimo de saber cómo amar y dónde depositar ese amor, y el reconocimiento de la amistad y la importancia de la continuidad.

Estoy seguro de que Gena Rowlands sigue enamorada de John Cassavetes con una continuidad que no deja de ser un reconocimiento a la grata convivencia que ambos compartieron durante 35 años. Cuando marchó de Euskadi dicen que dijo: "Me hubiera gustado estar más tiempo entre ustedes. Tal vez en otra ocasión...".
 

ALBERTO LOPEZ ECHEVARRIETA
Fotos y material de archivo: ALE

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