Año 1. Nº 6. Junio de 1997



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DOS TESOROS EN URDAIBAI: LAS CUEVAS DE SANTIMAMIÑE Y EL BOSQUE DE IBARROLA
Ejemplo notable del arte rupestre de toda la Península Ibérica y las únicas que se pueden visitar en toda la Comunidad Autónoma Vasca

Una de las intervenciones artísticas más sobresalientes realizadas en los últimos años


El pequeño municipio de Kortezubi, enclavado dentro de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, reúne dos de las principales atracciones de la oferta turística del territorio vizcaíno: las cuevas de Santimamiñe, con su arte rupestre, y el Bosque Pintado de Agustín Ibarrola, ubicado en el valle de Oma. La escasa distancia que separa ambos puntos facilita la contemplación de dos manifestaciones artísticas que, a pesar de estar alejadas en el tiempo por miles de años, comparten su poder evocador y sugerente.


El valle de Oma. Foto: Alberto Castro.

El punto de partida para esta excursión es la villa de Gernika, asentada en el centro geográfico de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y nudo principal de las comunicaciones. Desde esta ciudad-símbolo de los vascos se toma la carretera en dirección a Lekeitio para llegar hasta el municipio de Kortezubi. Poco antes de llegar al núcleo de esta población encontramos un cruce donde se marca, a nuestra derecha, la dirección hacia las Cuevas de Santimamiñe.

Después de unos pocos kilómetros llegamos hasta un gran aparcamiento y un restaurante. Este es el mejor lugar para abandonar el vehículo e iniciar nuestra visita.

ARTE RUPESTRE PALEOLITICO

Para acceder a las Cuevas de Santimamiñe hay que seguir, desde el aparcamiento, una larga escalera acondicionada en la ladera del monte Ereñozar.


Bisonte de Santimamiñe, una de las muestras pictóricas dejadas por los antiguos pobladores de estas tierras.

Son un ejemplo notable del arte rupestre de toda la Península Ibérica y -especialmente interesante- las únicas que se pueden visitar en toda la Comunidad Autónoma Vasca. El hombre primitivo también dejó otras pinturas parietales notables en las cuevas vizcaínas de Venta Laperra y Arenaza, y las guipuzcoanas de Altxerri y Ekain.

Las cavernas de Santimamiñe fueron descubiertas en 1916, siendo los investigadores Teófilo de Aranzadi, José Miguel de Barandiarán y E. de Eguren los encargados de excavar y estudiar los distintos hallazgos arqueológicos. Nueve años después se presentaron los resultados de sus interesantes investigaciones.

Es de resaltar, además, que las piezas extraídas del suelo de las cuevas fueron el embrión de lo que es hoy es el magnífico Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico Vasco, sito en el Casco Viejo de Bilbao. Pero más allá incluso de la importancia de los materiales encontrados, pertenecientes al Paleolítico Superior, en Santimamiñe se destaca la presencia de unas 40 figuras, pintadas en su mayoría sobre las paredes en una pequeña galería. El bisonte es el animal con el mayor número de representaciones, aunque también hay caballos, un oso y un ciervo. Algunas de estas figuras fueron dibujadas en posición rampante.

Las pinturas corresponden al período Magdaleniense (15.000 - 11.000 a.C.), donde los primitivos ya eran capaces de dibujar respetando en buena medida las proporciones reales y las figuras de animales se imponen a otras formas anteriores como líneas o negativos de manos.

En cuando a los hallazgos arqueológicos, se estima que son pertenecientes a la primera etapa del Paleolítico superior, el Auriñaciense, aunque en las cavernas se han hallado también otros testimonios de su ocupación durante el Solutrense y el Magdaleniense. Es justamente en este último período donde el insigne investigador José Miguel de Barandiarán sitúa la presencia de los vascos en las comarcas que hoy ocupan.

Pero junto a la emoción que nos puede embargar en la contemplación de las pinturas rupestres, estas cuevas ofrecen al visitante preciosas estalactitas y estalagmitas, además de otras caprichosas formaciones originadas por las filtraciones de agua y los materiales minerales. Algunas de estas últimas composiciones son conocidas con peculiares denominaciones o sugieren figuras ya conocidas.

Debido al gran número de visitantes que recibe anualmente Santimamiñe, y con el fin de preservar este tesoro para las generaciones futuras, las cavernas tienen un horario de visitas muy restringido. Los visitantes, en grupos no superiores a 15 personas, pueden acceder por la mañana a las 10, 11, y 12 horas; por las tardes, a las 16,30 y 18 horas. Los sábados, domingos y festivos permanecen cerradas. Existe también la posibilidad de hacer visitas concertadas.

BOSQUE DE IBARROLA


Foto: Alberto Castro.

No lejos de la entrada a las cavernas de Santimamiñe, podemos conocer una de las intervenciones artísticas más sobresalientes realizadas en los últimos años: el Bosque Pintado por Agustín Ibarrola en el vallecito de Oma. Este artista vizcaíno ha creado un universo especial en un bosque de pinos próximo a su caserío, habiéndose convertido en símbolo de la nueva oferta turística y de innovación artística del País Vasco.

Para llegar hasta el Bosque, perfectamente señalizado, hay dos opciones interesantes. En un caso se accede por el llamado camino de Lexika, en la parte superior de los vallecitos de Basondo y Oma, y en otro por la estrecha carretera que los atraviesa. En ambos casos se sugiere un agradable paseo de no más de 45 minutos para adentrarse en el bosque, a pesar de que todavía se admite el acceso de los turismos por el camino de Lexika.


Foto: Alberto Castro.

En el itinerario podemos admirar uno de los paisajes mejor conservados de toda Bizkaia, donde todavía se puede sentir el espíritu de los antiguos habitantes. Caseríos, ermitas, molinos, prados, bosques de encinas... se alternan en los valles y montañas. El artista, tal como deja firmado en el acceso por la parte superior, busca el diálogo con la naturaleza, interrogándose sobre su relación con el hombre. Para esta atrevida reflexión, que traspasa las formas y formatos más comunes, Agustín Ibarrola echa mano de sus postulados creativos a modo de recopilación personal.

Sus apreciaciones espaciales, su interpretación del movimiento de planos, el modo de intervenir de la acción pura en lo social, los principios estéticos de los constructivistas, etc., han quedado atrapados entre los árboles. Para facilitar la lectura visual de este museo vivo al aire libre se cuenta con el apoyo de diferentes puntos de observación. En ellos se han preparado recreaciones de los elementos esenciales de cada obra, remarcando con títulos y sugerencias las propuestas estéticas de Agustín Ibarrola.

ALBERTO CASTRO


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