Año
1. Nº 6. Junio de 1997
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ROMAN POLANSKI, FASCINADO POR LA COMIDA VASCA Ha visitado varias veces el País Vasco, donde tiene muchos amigos Sólo hizo falta que en una película Humphrey Bogart le llamara
"flaca" para que pasara a la historia con este apelativo. Cualquier aficionado
al cine sabe que me estoy refiriendo a la actriz Lauren Bacall, que llegó
a ser esposa de uno de los mitos más grandes que ha dado esa industria.
Bacall, sin embargo, no ha sido "la esposa de...", sino que tiene un puesto
en la historia del cine por méritos propios. Mujer de gran carácter,
puso su carrera en peligro cuando se rebeló contra la caza de brujas
de aquel senador malandrín, cuyo nombre no merece ni figurar aquí,
una persecución política sin parangón.
Lauren Bacall estuvo en Euskadi en 1992, cuando el Festival Internacional de Cine de San Sebastián le otorgó el Premio Donostia para destacar toda una carrera dedicada al Séptimo Arte. Recuerdo que la tuve cerca de mí el 25 de setiembre de aquel año y que era viernes. Me dirá el lector que esta evocación tan precisa puede sonar a chiquillada, pero, amigo, en mi defensa le tengo que decir que tratar con esta mujer, aunque sea con la distancia de la primera vez, marca. ¡Vaya que si marca! Porque Lauren Bacall, aparte de ser mucha mujer, es todo un animal de la interpretación, dicho sea con todo respeto. "La flaca" impone con su presencia. Cuando le haces una pregunta te la contesta de frente, como desafiante, pero sin el hielo estúpido de una Catherine Deneuve, por ejemplo. Esto, créanme, es otra cosa. Y su voz. Tiene un timbre de voz inolvidable. El doblaje de sus películas jamás le ha hecho justicia. De ahí que mi primera pregunta fuera por esos derroteros. -¿Cuándo descubrió que su voz era tremendamente erótica? -Nunca he sido consciente de ello, pero si usted lo dice... -¿No se lo dijo Humphrey nunca? -(Sonríe y baja la cabeza.) Humphrey me dijo muchas cosas. No sólo fue el mejor, sino un ser maravilloso al que le estaré eternamente agradecida por los buenos momentos que compartí con él. Hoy sigue siendo tan famoso como siempre, lo que indica que su estrella es imperecedera. Desgraciadamente hay personas que debieron conocerlo más, como sus hijos. ENAMORADA ANTES DE CONOCERLE
-Había una diferencia de veinte años entre uno y otro -confiesa Lauren-, pero considero que fue un verdadero flechazo. Nos enamoramos los dos como si fuéramos chiquillos. Luego, en la ficción de las obras que interpretamos juntos, se debió apreciar la magia que había entre nuestras personas. Creo que ese fue realmente el principal motivo de nuestro éxito. -¿Le silbó Bogart muchas veces? -(Ríe abiertamente por la alusión a una de las secuencias más famosas vividas en el cine.) No, no hubo necesidad. Cuando en la película le decía "Si usted desea de mí alguna cosa no necesita más que silbar" había una complicidad entre los dos y, desde luego, esa frase nos marcó a los dos en la vida privada, ya que, gracias a ella, hicimos muchas bromas en los años posteriores. Aún guardo el brazalete de diamantes que me regaló Humphrey al acabar el filme. Tiene grabadas estas palabras: "Querida, si deseas de mí alguna cosa, no necesitas más que silbar". No necesité silbarle nunca, porque siempre estuvo a mi lado. -¿Recuerda cómo fue el primer beso entre los dos? -Estaba en el camerino del estudio al final de la jornada. Boogie entró a darme las buenas noches mientras yo me peinaba, Estaba de pie detrás de mí. Bromeábamos como de costumbre y, de pronto, se inclinó hacia mí, me puso la mano bajo la barbilla y me besó. Así de sencillo. -¿Qué idea tenía usted de Bogart antes de conocerle personalmente? -Yo jamás hubiera pensado que iba a acabar en brazos de quien durante mi juventud era ya un ídolo. ¡Dése cuenta!. En 1937 yo tenía 13 años y había ido a ver a Bette Davis y a Bogey en "La mujer marcada". Me enamoré perdidamente de él como cualquier adolescente lo puede hacer de un actor de cine. Pero jamás pude pensar que llegaría a modelo o a actriz y menos a conquistar el corazón de aquel hombre. No me tenía por una muchacha atractiva, sino más bien por feúcha. ¿Sabe cómo me llamaban mis amigos? -No tengo ni idea. -Pues "molino de viento", porque tenía unas piernas muy largas y unos brazos que parecían aspas. UN DELICIOSO MOLINO DE VIENTO
-Fuimos felices. En cierto modo, demasiado felices. Durante once años nuestras vidas estuvieron unidas en verdadero matrimonio. Un matrimonio en el que un hombre es un hombre y una mujer una mujer. La única liberación para una mujer -que yo sepa- reside en una relación continua con un hombre fuerte. Fuerte en carácter y en integridad. Si no, lo contrario del amor no es odio, sino la indiferencia. Lauren pasa por alto los dramáticos momentos vividos en los últimos días de Bogart, cuando se le declaró un cáncer de esófago y nada se podía hacer por salvarle. Ella estaba allí, a su lado, escuchando cómo el duro del cine interpretaba su último papel de duro en el lecho de muerte, y le decía "Sal, cambia de aires". Y ella se mantenía donde debía estar, con ese aplomo que Dios le ha dado. Los amigos que rodeaban a la pareja supieron apreciar el gesto, aunque nunca dudaron de la entereza de la "flaca". Cuando le faltaban pocas horas para expirar, Bogart le dijo a Truman Capote: "Así se distingue a las grandes mujeres de las otras". Y el 13 de enero de 1957, hace cuarenta años, Humphrey, el gran duro del cine, le cogió del brazo a su mujer con las últimas fuerzas y se despidió con una frase que Lauren tiene grabada a fuego en el recuerdo: "Adiós, Bebé". -Sentí pánico al quedarme sola. Habían sido muchos años de protección en una selva entre tantos lobos. Pude rehacer mi vida con mis dos hijos, Stephen y Leslie. EL VIDEO REUNE A BOGART Y BACALL -Se dijo que estuvo a punto de casarse con Frank Sinatra... -No lo crea. Aquella relación no tuvo nada de sentimental. -¿Suele repasar las películas de su esposo? ¿Las vuelve a ver a menudo? -Sí, porque así le tengo más cerca en el recuerdo. "El tesoro de Sierra Madre", "La reina de Africa", "Sabrina"... Todas son mis favoritas. Hizo papeles muy diferentes. Era mejor actor que yo y me parece que en su momento no se le reconoció como debiera. -Hablando de otro tema. Usted trabajó junto a Marilyn Monroe, otro mito del cine. ¿Cómo era? ¿Se ajusta a la realidad esa imagen que nos ha quedado de ella como una chica despistada y "cortita"? -La relación entre nosotras durante el rodaje de "Cómo casarse con un millonario" fue buena. Por aquel año, 1953, Marilyn estaba como asustada. El recuerdo que tengo de ella es el de una mujer que quería mucho a la cámara. Era una estrella auténtica, de las pocas que ha habido. Murió muy joven. Fue una gran pérdida. -Usted ha trabajado a las órdenes de grandes realizadores de Hollywood: Hawks, Huston, Minnelli, Wellman, Curtiz... ¿cuál de ellos le ha dejado mejor recuerdo? -Sin duda, Howard Hawks que fue el que me ofreció la primera oportunidad. También John Huston, que fue un genio. Los dos han sido imprescindibles en mi vida artística. A Vincent Minnelli le tengo que agradecer "Mi desconfiada esposa", mi película favorita. -¿Por encima de sus títulos en aquel glorioso blanco y negro? -Evidentemente adoro mis primeras películas. No sólo eso. Para mi significaron el principio de una nueva vida en el sentido más amplio de la palabra. Sin embargo, no he trabajado tan a menudo con los directores que hubiera querido. Pero he tenido mucha suerte en el cine. -Ha hecho cine, teatro, televisión. ¿Con qué se queda? -Me encanta trabajar en un escenario, hacer películas tanto para el cine como para la televisión. Eso no lo dice todo el mundo. Sin embargo, ese es mi sentimiento. UNA LEYENDA VIVA -¿Qué diferencia hay entre su leyenda y usted? -Las leyendas están muertas y yo estoy viva. Es una pregunta que no puedo contestar. Las leyendas corresponden más a la imaginación y yo soy parte de la realidad. -¿Cree que el cine está en crisis? -Sí, de alguna manera. Creo que hay crisis y el cine se les está escapando de las manos a los productores, que no apuestan más que por la violencia, creando mitos de ficción como Rockys y Rambos, creando unos sentimientos de imitación en la gente joven que en nada beneficia a la sociedad. Y así va nuestro país. Se acabaron aquellos tiempos del romanticismo, del humor limpio... Creo, sin embargo, que esto es como un sarampión que pasará, afortunadamente, para volver a interesar algo tan imprescindible como los sentimientos humanos. -¿Qué piensa de las nuevas actrices que están surgiendo? ¿Se las puede comparar a aquéllas que salieron al principio de su carrera? -No es posible hacer comparaciones, pero en estos últimos años los guionistas no han sido muy imaginativos. Hay grandes estrellas que no encuentran grandes papeles. BIBLIOTECA VOLANTE. -Ha venido a San Sebastián a recoger el premio especial más importante de un festival de cine. ¿Qué idea tiene de nuestra tierra? -Antes de llegar, en el vuelo que he hecho vía Londres, he tenido ocasión de ojear la historia del País Vasco y sus peculiaridades. Me gusta la variedad de su geografía, el tono verde de sus campos salpicado con los rojos tejados de sus caseríos... También me han hablado muy bien de su gastronomía. ¿Sabe? Me encanta el arroz, aunque creo que éste no es el lugar más indicado para comer una buena paella... -...Estoy seguro de que, si es preciso, puede darse el caso. No obstante, en nuestra variedad de platos tiene dónde elegir... -Me inclino par los pescados. ¿Qué me sugiere? -Cualquier cosa. Déjese aconsejar, que seguro va a quedar satisfecha. ALBERTO LOPEZ ECHEVARRIETA
Fotos y material de archivo: ALE
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