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CYD CHARISSE: LAS MEJORES PIERNAS QUE LE QUEDAN AL CINE Trabajó en "Fiesta brava" con el conjunto músico-vocal vasco "Los Bocheros" Figura emblemática del cine musical, fue pareja de baile de Gene Kelly y Fred Astaire
Se ha dicho siempre que el cine ha tenido dos pares de piernas que nadie ha podido superar. Unas pertenecían a Marlene Dietrich y las promocionó hasta la exageración en "El ángel azul". Las otras, tan legendarias como las anteriores, pertenecen a Cyd Charisse. La protagonista de películas musicales del corte de "Melodías de Broadway 1955", "Brigadoon" y "Siempre hace buen tiempo" pasó por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en su edición correspondiente a 1990, como la gran señora que es, derrochando la nostalgia que en todo buen aficionado al Séptimo Arte guarda su extraordinaria filmografía.
Cyd Charisse, en el Hotel María Cristina, de Donostia-San Sebastián. No fue, sin embargo, el primer contacto que Cyd Charisse tenía con el País Vasco, ya que, muchos años atrás, en 1947, esta soberbia mujer intervino como secundaria en la película "Fiesta brava", donde tuvimos como embajadores a "Los Bocheros". -Fue una experiencia muy curiosa -nos dijo-, porque aquélla fue una de mis primeras películas. Aún no había hecho "Cantando bajo la lluvia" y la protagonista verdadera era Esther Williams, que interpretaba el papel de hermana gemela de Ricardo Montalbán. A mí aquello me llamaba mucho la atención, porque era muy evidente que entre ella y él había diferencias físicas notables como para que le suplantara nada menos que vestida de torero. Pero, ya sabe usted cómo es Hollywood. -¿Cómo es Hollywood, Cyd? -La sombra de lo que fue. Yo empecé en esta industria casi por casualidad, porque lo mío era el ballet. Empecé a estudiarlo a los ocho años y cuatro años más tarde ingresé en la Escuela Profesional de Hollywood. Con trece años ya formaba parte de una "troupe" con la que recorrí los Estados Unidos y parte de Europa. A lo que voy: en 1943 debuté en el cine cuando aquello era un mundo de "glamour" y el lujo rodeaba a las estrellas, que eran veneradas como si de dioses se tratara. Los grandes estudios rivalizaban entre sí para ofrecer grandes espectáculos... Ahora ha desaparecido todo eso. Las productoras luchan por sobrevivir y el público ha perdido mucho de aquel interés que siempre rodeaba los rodajes y las salidas en público. -Usted ha trabajado con grandes figuras del cine rutilante de la época dorada. Le recuerdo algunos: Gene Kelly, Fred Astaire, Ricardo Montalbán, Robert Taylor... Incluso se llegó a decir que estuvo enamorada de Astaire. -Mire, eso son cotilleos que salen de los departamentos de publicidad de las productoras para crear ambiente en torno a un rodaje. Que si se nos ve cada vez más acaramelados, que si pasamos el fin de semana juntos... Falso todo. Las fotos que nos hacían para la promoción de la película daban a entender muchas cosas, pero eran poses ante el fotógrafo para que luego, los encargados de publicidad, distribuyeran por todo el mundo historias. Yo me casé con el cantante Tony Martin en 1948 y hemos sido muy felices juntos. Lo demás es todo falso. -Creo que tiene un hijo, ¿no? -Sí, de Tony, y se llama así precisamente, Tony Martin Jr. Recuerdo que, siendo pequeño, lo presenté en un programa de televisión de Bob Hope, quien no tuvo otra ocurrencia que decir en pantalla: "Canta como su madre y baila como su padre. Mira que si fuera al revés...". Bob tenía grandes ocurrencias cuando tenía su "show". -Usted ha intervenido en los musicales más atractivos que hizo la M.G.M., empezando por "Cantando bajo la lluvia". Recuerdo la obsesión que me marcaron sus piernas en el ballet que interpretaba con Kelly, con aquel pelito corto, dándole el "canotier" con el pie derecho... Vamos, que para los chavales de 1953 aquello fue terrible. (Ríe abiertamente). -Nunca pude pensar que aquella escena podía traumatizarle a usted de joven... -...No es que me dejara traumatizado, pero tuve unos días que veía sus piernas hasta en las tablas de logaritmos. -Le agradezco el cumplido. Yo tengo que agradecerle mucho a Gene Kelly, porque esa secuencia concretamente, que estaba metida con calzador en el filme, sirvió para lanzarme de forma definitiva. El me enseñó no el arte de la danza, que ya lo conocía, sino a moverme en los "platós" en los grandes musicales. "Brigadoon" y "Siempre hace buen tiempo" fueron emblemáticos. -Y sin embargo ya no se hacen musicales. O en todo caso con cuentagotas. -Es que tampoco hay músicos como antes. Hubo una racha de compositores que obra que componían, obra que estaba años en los carteles de Broadway. Nos faltan Rodgers, Hammerstein, Irving Berlin y Cole Porter. Creo que Bob Fosse fue el último gran genio de los musicales. Tampoco las productoras están por la labor, porque este género es muy caro. Todo tiene su tiempo y el de los musicales creo que ha pasado.
Cartel de "La Bella de Moscú". -Si le hablo de "La bella de Moscú", ¿qué le viene a la mente? -Una gran película que constituía un "remake" de la gran "Ninotchka", que muchos años atrás rodara Greta Garbo. Mamoulian hizo con Fred Astaire, Peter Lorre, Janis Paige y yo una versión mucho más espectáculo, con una música inolvidable del gran Cole Porter. "FIESTA BRAVA" CON "LOS BOCHEROS" -Y en "Fiesta brava" usted conoció a unos músicos vascos que no tenían nada que ver con aquella "fiesta", pero con los que, según dijeron ellos mismos, se lo pasaron muy bien. Eran "Los Bocheros". -Los recuerdo perfectamente. ¡Qué pena que hayan desaparecido!. Eran muy simpáticos y sus canciones muy alegres y divertidas.
Cartel de "Fiesta Brava". -Y con ellos a Ricardo Montalbán... -...Era entonces el galán latino de moda y, como estaba contratado por M.G.M., coincidimos en varias películas en las que caía rendida en sus brazos. Claro que todo era aparente, porque estando rodando con él me comprometí con Tony Martin. -¿Y qué hace usted ahora? No me hago a la idea de que permanece inactiva. -Francamente no lo estoy. Dirijo una escuela de danza en Los Angeles.
Cyd Charisse en el escenario del Teatro Victoria Eugenia de Donostia-San Sebastián. Cyd Charisse pasó por Donostia-San Sebastián cuidando su boca. Mantiene un estricto régimen para mantener la excelente figura que apenas si se ha deformado con el paso de los años y, aunque salió al escenario del Teatro Victoria Eugenia cubriendo sus extremidades inferiores de forma total y definitiva, siempre me queda el recuerdo de aquella vez, hace siete años, cuando, en la terraza del Hotel María Cristina, mi bailarina favorita no pudo pasarme el "canotier" como se lo hizo a Gene Kelly en "Cantando bajo la lluvia", simple y llanamente porque no uso sombrero. ALBERTO LOPEZ ECHEVARRIETA |
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