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LA CUEVA DE LAS ESTALACTITAS EXCENTRICAS En el vizcaíno Valle de Carranza, la Gruta Encantada de Pozalagua presenta la mayor concentración mundial de este fenómeno Como si de una inocentada se tratara, ocurrió un 28 de diciembre, hace casi cuarenta años. El operario de la cantera de dolomita que, mecánicamente, colocó un barreno, no podía imaginar que con él iba a abrir el paso a un lugar de una extraña y extraordinaria belleza, un lugar nunca antes contemplado por hombres ni por animales. En efecto, la explosión del barreno abrió una grieta en la montaña, que permitió acceder a la que hoy se conoce como la Gruta Encantada de Pozalagua, situada en el monte Ranero, a dos kilómetros del barrio de Ranero, en el vizcaíno Valle de Carranza. Se trataba de una cueva que, hasta entonces, no disponía de ningún tipo de acceso, como han demostrado los análisis realizados, mostrando que nunca había sido ocupada por seres vivos. Hoy en día, sin embargo, está habitada por una colonia de murciélagos. Con una longitud de 225 metros, una boca de 2 por 1'50 y cuatro simas gemelas de cuarenta metros de profundidad, la cueva de Pozalagua destaca por una extraña formación de estalactitas, conocidas como estalactitas excéntricas. Este fenómeno, muy escaso en todo el mundo, consiste en que las estalactitas, en lugar de caer en posición vertical, como es lo habitual, bajan y vuelven a subir, formando curvas y entrelazándose, como si se tratase de raíces de alguna vegetación existente en la parte exterior de la montaña. Por cierto que, en Pozalagua, esta parte exterior es rocosa y absolutamente desprovista de vegetación.
Detalle de alguna de las estalactitas excéntricas. Foto: Javier Bustamante Diversas teorías han tratado de explicar el motivo de estas extrañas formaciones. Sin embargo, aún ninguna ha conseguido concitar la unanimidad de los científicos. Así, algunos hablan de corrientes de aire, otros de la ausencia de estas corrientes, algunos de telas de araña y los más de campos magnéticos. LA MAYOR CONCENTRACION DEL MUNDO La galería principal de la gruta, conocida como Sala Versalles, presenta una importante "colonia" de estalactitas excéntricas que, según algunos expertos, es la mayor concentración conocida en el mundo de este fenómeno. La cueva dispone, además, de estaláctitas y estalagmitas de las "normales", algunas de ellas de tamaño considerable, y de colores blanco y rojizo, según su composición sea de carbonato cálcico o magnésico.
Techo de la Sala Versalles. Foto: Javier Bustamante Pese a la magnitud del descubrimiento, la negligencia y el desinterés de las autoridades de la época mantuvo durante mucho tiempo el interior en un estado de deterioro considerable. Tuvieron que pasar dieciocho años hasta que se tomaron cartas en el asunto. Dieciocho años en los que las cuevas se convirtieron en objeto de visita obligada para espeleólogos, aficionados y grupos de curiosos que practicaron la rapiña de estalactitas y estalagmitas, mientras las canteras seguían colocando barrenos, uno de los cuales destrozaba la entrada y parte del interior de la cueva. Por otra parte, la zona central de la cueva, formada por un lago de escasa profundidad, se fue agrietando y las aguas se filtraron, desecándolo. Por fin, en 1975, el Ayuntamiento de Carranza, con la colaboración de la Diputación Foral de Bizkaia, emprende la tarea de arreglar y acondicionar la cueva para mostrarla al público, lo que sucede a partir de octubre de 1991. Ahora está en estudio la localización de grietas para intentar sellarlas y así recuperar el lago interior. Pero el público en general no puede disfrutar de todo lo que se esconde en el interior de la montaña. Porque a pocos metros de la cueva de Pozalagua, y separada por un pequeño tramo de materiales blandos, fácilmente salvables, se encuentra la Torca del Carlista, la mayor sala de Europa y una de las mayores del mundo, con medio kilómetro de longitud, 240 metros de ancho y 135 metros de altura. Sin embargo, sólo es accesible a los espeleólogos, que deben bajar en vertical 154 metros (de ellos 94 sin contacto con las paredes, para alcanzar después una profundidad de 355 metros. J. B. |
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