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HOTELES RURALES
VASCOS, POCOS PERO SELECTOS
Los gestores de los Hoteles Rurales
deben ser profesionales dedicados en exclusiva a su hotel
Son siete establecimientos, todos
con menos de 25 habitaciones, baño completo, y muchos ofrecen actividades
complementarias
Por ahora sólo están agrupados en asociación
unos cuantos hoteles campestres de Álava y de Gipuzkoa. Son siete en total,
y su objetivo primordial es la calidad y obtener un distintivo que los
identifique y refleje su categoría. Todos estos establecimientos
cuentan con baño completo, televisión, teléfono, calefacción
y salas de reunión.
Hay quien los confunde con los alojamientos de
Agroturismo o con las llamadas Casas Rurales, pero, sin ánimo alguno
de menospreciar a estos dos tipos de hospedaje campestre y casero, muy
dignos, los Hoteles rurales son otra cosa. En el Agroturismo, los dueños
del alojamiento admiten hospedaje como un complemento a sus rentas agrarias
o ganaderas. En las Casas Rurales, el otro tipo de alojamiento campestre
con alguna similitud a las casas de Agroturismo, los propietarios no deben
tener rentas agrarias o ganaderas y se les pide un número límite
de habitaciones, y tampoco se les obliga a dotar de baño completo
a todas las habitaciones. Sin embargo, en el caso de los Hoteles Rurales
los gestores deben ser profesionales dedicados en exclusiva a su hotel
y deben contar con instalaciones de baño y otros equipamientos,
en todas las habitaciones. Otra de sus preocupaciones destacadas es la
de mantener un alto nivel de calidad en todos los servicios, de un modo
que sea cuantificable y poder, así, otorgar niveles y categorías
entre los diversos establecimientos.
IMAGEN VASCA ON LINE se ha puesto en contacto con la secretaria de
la Asociación de Hoteles Rurales del País Vasco, Esther Durana,
para una mejor información de este tipo de hostelería. La
Asociación nació hace algo más de un año y,
en un principio, fue un mero agrupamiento entre dos establecimientos que
unieron sus esfuerzos, para pasar posteriormente a reunirse con más
empresarios del sector, hasta llegar a lo que es hoy: una agrupación
de siete hoteles rurales. No se descarta la inclusión en el grupo
de nuevos establecimientos que deseen sumarse a sus objetivos de calidad.
En Bizkaia, por ejemplo, no cuentan en este momento con ningún hotel
asociado, si bien no es descartable que en un futuro existan algunos. Álava
y Gipuzkoa se reparten, por ahora, a los hoteles componentes.
Son siete establecimientos, todos con menos de 25
habitaciones, baño completo, y muchos de ellos ofrecen actividades
complementarias, que varían según su enclave. En todos, se
realiza una función turística informativa sobre los lugares
a visitar, entornos de interés, rutas, etc.
INTERÉS POR LA GASTRONOMÍA
Otra de las preocupaciones fundamentales que nos recalcan en la Asociación
es la de poder ofrecer, en los comedores de sus hoteles, una selecta oferta
de gastronomía que incluya lo más tradicional de las mesas
de cada zona. No se trata de hacer alta cocina o sofisticadas presentaciones,
sino de elaborar con honestidad y empleando materias primas de excelente
calidad, unos platos tradicionales, que honren, de verdad, el calificativo
algo manoseado de “cocina popular”.
Lógicamente, el lleno de este tipo de establecimientos se produce
en épocas de vacaciones (verano, Semana Santa, etc.) y también
en los fines de semana y “puentes”. Por este motivo, sus gestores tratan
de ampliar la oferta a los otros días de la semana y a las restantes
épocas del año, ajenas a las vacaciones. Contando con la
buena categoría gastronómica de la que acabamos de hablar,
unos equipamientos de calidad y unos entornos de gran belleza y tranquilidad,
estos lugares se hacen apetecibles a muchas empresas que buscan para sus
reuniones, cursillos de formación, encuentros, convenciones y actos
similares, unos lugares apacibles, lejanos al bullicio y contaminación
de las grandes capitales. Esta demanda la han sabido ver los componentes
de la Asociación y están ofreciendo ahora al mundo empresarial
sus instalaciones.
Pero para quienes somos meros turistas o viajeros curiosos también
hay algunos alicientes de tipo cultural. Así, por un precio relativamente
moderado, entre las 6.000 y las 8.500 ptas. por noche, en habitación
doble, se puede dormir con gran confort en palacios o torres históricas,
de los siglos XVII y XVIII. O en el caso del Hotel Torre de Artziniega,
en la localidad alavesa del mismo nombre, en una edificación que
tuvo sus orígenes en el siglo XIII.
Hoy día, todos estos edificios están perfectamente restaurados
y adecuados a sus actuales usos como alojamientos hoteleros. Así
por ejemplo, en el conjunto monumental de Quejana (Alava), un lugar de
gran interés histórico y artístico, se encuentra situado
otro de los establecimientos agrupados, el Hotel Los Arcos de Quejana,
un palacio del siglo XVII, restaurado el pasado año. A escasos kilómetros
de la población alavesa de Laguardia, está el Hotel Palacio
de Samaniego, que hace honor a su nombre, ya que se trata de un auténtico
palacio del siglo XVIII, adecuadamente restaurado y acondicionado para
el descanso. En la villa de Lanciego está enclavado otro notable
Palacio, construido en el siglo XVIII por una ilustre familia del lugar,
que hoy alberga el Hotel Larrain. De este modo, todos y cada uno de los
establecimientos que forman la actual agrupación tienen algún
aliciente, por encima de su propio confort interior. En unos casos será
la proximidad al macizo del Gorbea y su magnífico parque natural,
como es el caso del Hotel La casa del Patrón, en Zuia. En otros,
como el Hotel Soraluze Ostatua, su magnífica ubicación y
paisaje, en la ascensión al santuario de Aranzazu, o las vistas
con que cuenta el Hotel Marixa, de Laguardia.
Aislados, en lugares relajantes, pero no muy lejos de nuestros cuadriculados
espacios urbanos de trabajo, existen estos pequeños hoteles, que
nada tienen que ver con los masificados y mastodónticos alojamientos
de carretera o de ciudad. Sus empresarios han optado, como valores en alza,
por la calidad sobre todo, pero sin renunciar a un trato humano y discreto,
por la cocina bien hecha, pero sin rebuscamientos. En una palabra, nos
venden naturaleza, gastronomía e historia, a precios razonables.
JORGE SOBRADO
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