Pulsar para ir a la página principalAño 3. Nº 26. Marzo de 1999
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HOTELES RURALES VASCOS, POCOS PERO SELECTOS


Los gestores de los Hoteles Rurales deben ser profesionales dedicados en exclusiva a su hotel

Son siete establecimientos, todos con menos de 25 habitaciones, baño completo, y muchos ofrecen actividades complementarias


Por ahora sólo están agrupados en asociación unos cuantos hoteles campestres de Álava y de Gipuzkoa. Son siete en total, y su objetivo primordial es la calidad y obtener un distintivo que los identifique y refleje su categoría. Todos estos establecimientos cuentan con baño completo, televisión, teléfono, calefacción y salas de reunión.

Hay quien los confunde con los alojamientos de Agroturismo o con las llamadas Casas Rurales, pero, sin ánimo alguno de menospreciar a estos dos tipos de hospedaje campestre y casero, muy dignos, los Hoteles rurales son otra cosa. En el Agroturismo, los dueños del alojamiento admiten hospedaje como un complemento a sus rentas agrarias o ganaderas. En las Casas Rurales, el otro tipo de alojamiento campestre con alguna similitud a las casas de Agroturismo, los propietarios no deben tener rentas agrarias o ganaderas y se les pide un número límite de habitaciones, y tampoco se les obliga a dotar de baño completo a todas las habitaciones. Sin embargo, en el caso de los Hoteles Rurales los gestores deben ser profesionales dedicados en exclusiva a su hotel y deben contar con instalaciones de baño y otros equipamientos, en todas las habitaciones. Otra de sus preocupaciones destacadas es la de mantener un alto nivel de calidad en todos los servicios, de un modo que sea cuantificable y poder, así, otorgar niveles y categorías entre los diversos establecimientos.

IMAGEN VASCA ON LINE se ha puesto en contacto con la secretaria de la Asociación de Hoteles Rurales del País Vasco, Esther Durana, para una mejor información de este tipo de hostelería. La Asociación nació hace algo más de un año y, en un principio, fue un mero agrupamiento entre dos establecimientos que unieron sus esfuerzos, para pasar posteriormente a reunirse con más empresarios del sector, hasta llegar a lo que es hoy: una agrupación de siete hoteles rurales. No se descarta la inclusión en el grupo de nuevos establecimientos que deseen sumarse a sus objetivos de calidad. En Bizkaia, por ejemplo, no cuentan en este momento con ningún hotel asociado, si bien no es descartable que en un futuro existan algunos. Álava y Gipuzkoa se reparten, por ahora, a los hoteles componentes.

Son siete establecimientos, todos con menos de 25 habitaciones, baño completo, y muchos de ellos ofrecen actividades complementarias, que varían según su enclave. En todos, se realiza una función turística informativa sobre los lugares a visitar, entornos de interés, rutas, etc.

INTERÉS POR LA GASTRONOMÍA
Otra de las preocupaciones fundamentales que nos recalcan en la Asociación es la de poder ofrecer, en los comedores de sus hoteles, una selecta oferta de gastronomía que incluya lo más tradicional de las mesas de cada zona. No se trata de hacer alta cocina o sofisticadas presentaciones, sino de elaborar con honestidad y empleando materias primas de excelente calidad, unos platos tradicionales, que honren, de verdad, el calificativo algo manoseado de “cocina popular”.

Lógicamente, el lleno de este tipo de establecimientos se produce en épocas de vacaciones (verano, Semana Santa, etc.) y también en los fines de semana y “puentes”. Por este motivo, sus gestores tratan de ampliar la oferta a los otros días de la semana y a las restantes épocas del año, ajenas a las vacaciones. Contando con la buena categoría gastronómica de la que acabamos de hablar, unos equipamientos de calidad y unos entornos de gran belleza y tranquilidad, estos lugares se hacen apetecibles a muchas empresas que buscan para sus reuniones, cursillos de formación, encuentros, convenciones y actos similares, unos lugares apacibles, lejanos al bullicio y contaminación de las grandes capitales. Esta demanda la han sabido ver los componentes de la Asociación y están ofreciendo ahora al mundo empresarial sus instalaciones.

Pero para quienes somos meros turistas o viajeros curiosos también hay algunos alicientes de tipo cultural. Así, por un precio relativamente moderado, entre las 6.000 y las 8.500 ptas. por noche, en habitación doble, se puede dormir con gran confort en palacios o torres históricas, de los siglos XVII y XVIII. O en el caso del Hotel Torre de Artziniega, en la localidad alavesa del mismo nombre, en una edificación que tuvo sus orígenes en el siglo XIII.

Hoy día, todos estos edificios están perfectamente restaurados y adecuados a sus actuales usos como alojamientos hoteleros. Así por ejemplo, en el conjunto monumental de Quejana (Alava), un lugar de gran interés histórico y artístico, se encuentra situado otro de los establecimientos agrupados, el Hotel Los Arcos de Quejana, un palacio del siglo XVII, restaurado el pasado año. A escasos kilómetros de la población alavesa de Laguardia, está el Hotel Palacio de Samaniego, que hace honor a su nombre, ya que se trata de un auténtico palacio del siglo XVIII, adecuadamente restaurado y acondicionado para el descanso. En la villa de Lanciego está enclavado otro notable Palacio, construido en el siglo XVIII por una ilustre familia del lugar, que hoy alberga el Hotel Larrain. De este modo, todos y cada uno de los establecimientos que forman la actual agrupación tienen algún aliciente, por encima de su propio confort interior. En unos casos será la proximidad al macizo del Gorbea y su magnífico parque natural, como es el caso del Hotel La casa del Patrón, en Zuia. En otros, como el Hotel Soraluze Ostatua, su magnífica ubicación y paisaje, en la ascensión al santuario de Aranzazu, o las vistas con que cuenta el Hotel Marixa, de Laguardia. 

Aislados, en lugares relajantes, pero no muy lejos de nuestros cuadriculados espacios urbanos de trabajo, existen estos pequeños hoteles, que nada tienen que ver con los masificados y mastodónticos alojamientos de carretera o de ciudad. Sus empresarios han optado, como valores en alza, por la calidad sobre todo, pero sin renunciar a un trato humano y discreto, por la cocina bien hecha, pero sin rebuscamientos. En una palabra, nos venden naturaleza, gastronomía e historia, a precios razonables. 
 

JORGE SOBRADO

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