Año 2. Nº 14. Febrero de 1998
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SOROLLA Y ZULOAGA: DOS GIGANTES DE LA PINTURA ESPAÑOLA EN EL MUSEO DE BILBAO Es la primera oportunidad de ver de forma conjunta una selección de obras de los artistas españoles más importantes en el período del cambio de siglo Hasta el 15 de marzo se presenta en el Museo de Bellas Artes la formidable exposición "Sorolla y Zuloaga, dos visiones para el cambio de siglo". Esta muestra comparte el protagonismo artístico de la villa en el panorama europeo con la exposición de las obras maestras de la colección Guggenheim, que aún permanece abierta en el Museo Guggenheim Bilbao. Pero esta envidiable oferta artística no concluye aquí,
ya que, hasta el 8 de febrero es posible ver, también en Bilbao,
una muestra de esculturas y grabados realizados por Henri Matisse, mientras
que otra, dedicada a Edouard Manet y sus grabados,
permanecerá abierta hasta el 29 de marzo en el mismo Museo de Bellas
Artes.
Portada del folleto de la exposición., con las obras "Paseo del Faro en Biarritz", de Sorrolla (1906. Museum of Fine Arts. Boston) y "Corrida de toros en Eibar", de Zuloaga (1899. Col. C. Thyssen-Bornemisza. Madrid). UNA SELECCION UNICA La exposición dedicada a Sorolla y Zuloaga ofrece la primera oportunidad de ver de forma conjunta una selección de obras de los artistas españoles más importantes en el período del cambio de siglo. En esta esmerada selección se presentan, alternativamente, las obras realizadas en los años en que ambos creadores fueron coetáneos, es decir desde 1880 hasta 1923, fecha en la que falleciera en Cercedilla (Madrid) el pintor valenciano Joaquín Sorolla. La realización de la muestra, que se encaja en la conmemoración del centenario de la llamada Generación del 98, ha obligado a sus promotores a reunir obras procedentes de diversos museos y colecciones europeas y norteamericanas, algunas de las cuales pueden verse por primera vez en el Estado desde que fueron pintadas. En el caso de Joaquín Sorolla, un prolífico y exitoso artista que tiene un catálogo de más de 2.200 óleos, sin contar otras modalidades creativas, se integran cuadros venidos desde la Washington University Gallery of Art de Saint Louis, el Philadelphia Museum of Art, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Museum of Fine Arts de Boston y el Art Institute of Chicago. La selección referida a Ignacio Zuloaga tiene su base principal en el Museo Zuloaga de Zumaia (Gipuzkoa), que aporta una docena de cuadros de sus fondos, aunque también son destacadas las obras llegadas desde los Musées Royaux des Beaux Arts de Belgique en Bruselas, el Musée d'Orsay, el Staaliche Museen zu Berlin Nationalgalerie, la Evergreen House Foundation de Baltimore, el Metropolitan Museum de Nueva York o el State Hermitage Museum de San Petersburgo. El reconocimiento internacional de la carrera de estos artistas en vida es responsable en parte de que su cuadros cuelguen en pinacotecas de todo el mundo, por lo que se añade aún más valor a esta exhibición pionera y enriquecedora que podemos ver en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. DOS CAMINOS
Joaquín Sorolla nació en 1863 y partió para Roma
en 1895, becado por la Diputación valenciana. Permaneció
allí por espacio de cuatro años, tras los que regresó
a España, no sin antes haber viajado a París, Madrid o Valencia,
su ciudad natal. Le llegó la fama en 1895, al conquistar en Madrid
una medalla en una exposición nacional con su popular obra "Y
aún dicen que el pescado es caro". Es en estos momentos cuando
más cerca está de la crítica social y costumbrista,
ya que con el paso del tiempo su planteamiento deriva hacia la plasmación
de personajes, escenas y estampas esencialmente amables, donde su lenguaje
de luz y sensibilidad se erige como principal protagonista.
JOAQUIN SOROLLA. Niños en la playa. 1910. Museo del Prado. Madrid. A partir de obtener el citado premio pasó a exponer en el Salón de París o las bienales de Venecia, además de extender su fama por ciudades como Viena, Berlín, Munich o Londres. Su febril actividad, jalonada con diversos premios y recompensas en estas ciudades europeas, le llevó a pintar diversos lugares repartidos por la geografía española y realizar retratos de grandes personalidades de Estados Unidos. Entre estos últimos se cita el del mismo presidente Taft. Una gran obra en la biblioteca de la Hispanic Society de Chicago, con 70 metros de largo por 3,5 de alto, le mantuvo ocupado desde 1912 hasta 1919. En 1914 fue nombrado miembro de la Academia de Bellas Artes y cinco años después se hace cargo de la cátedra de colorido y composición de la Academia de San Fernando de Madrid. Fallece en 1923. En el caso de Ignacio Zuloaga, nacido en Eibar (Gipuzkoa) en 1870 y
muerto en Madrid en 1945, el éxito tampoco le llegó tarde.
También acudió a Roma para proseguir sus estudios, como hiciera
cuatro años antes Joaquín Sorolla, aunque después
se desplazó a París para continuar su formación e
intercambio de experiencias con otros pintores españoles y franceses.
Tras nuevos viajes a Roma y Londres, se dirigió a Andalucía,
donde tomó contacto con el mundo del toreo, tema muy presente en
sus creaciones a partir de entonces. De vuelta a París se casó
en 1899 con Valentine Dethomas y montó su propio estudio. Aun así,
nunca dejaría de volver y pintar paisajes y costumbres de la vida
española. Entre ellos son recordados los cuadros realizados en Segovia,
cuando se encontraba de visita en casa de su tío. Esta es su época
creativa más álgida, de 1900 a 1920. A Ignacio Zuloaga se
le atribuyen unas 600 obras a lo largo de su carrera.
IGNACIO ZULOAGA. Amarretako c. 1905. Nationalgalerie. Berlín. Su fama internacional le hizo acreedor a ocupar salas especiales en grandes certámenes de los primeros años del siglo XX. Así, se citan Düsseldorf, Barcelona, Nueva York, Bilbao y Venecia. Tras esta etapa de gran intensidad, Ignacio Zuloaga dedicó la segunda mitad a disfrutar esencialmente de sus residencias de Madrid y Zumaia (Gipuzkoa). En esta última formó un museo con obras suyas y otras pertenecientes al Greco, Zurbarán y Goya, además de acuarelas y esculturas de Manet, Picasso y Rodin, entre otros. Este Museo sigue abierto hoy en día en la Casa Santiago de esta localidad costera guipuzcoana y es una de las primeras referencias directas para conocer la vida del pintor. Pero mientras que en Sorolla -como se ha expuesto antes- la pintura con carácter social de los primeros tiempos da paso a otra más particular y personal, ajena en buena medida a los conflictos del cambio de siglo en España, Zuloaga se une a los que describen de forma descarnada la realidad social. Es más, sus pinceles afilados han llegado a firmar algunas de las obras consideradas como la transposición pictórica más ajustada de las inquietudes de los escritores de la Generación del 98, a muchos de los cuales inmortalizó también dentro de su abundante relación de retratos. Es justamente este choque de pareceres artísticos y la maestría de ambos pintores, lo que eleva esta muestra a su categoría de evento artístico del comienzo de año en todo el Estado español. EXITO DE
PUBLICO
La gran afluencia de público ha obligado a la dirección del Museo a abrir sus puertas también los domingos por la tarde. El Museo ofrece, además, la posibilidad de participar en visitas guiadas para conocer en mayor profundidad aspectos de las obras de la exhibición. Cabe añadir, como anécdota, que cuatro de las obras de Ignacio Zuloaga ahora expuestas también estuvieron presentes en la Primera Exposición Internacional de Pintura y Escultura de 1919. La celebración de este evento propició el comienzo de la colección de arte contemporáneo del propio Museo de Bellas Artes de Bilbao. Si atendemos a la edición facsímil del catálogo
de la citada exposición, realizada con motivo de los 75 años
de la puesta en marcha del Museo de Arte Moderno bilbaíno, en esa
magna reunión de artistas vascos e internacionales de primer nivel
ya estuvieron los siguientes cuadros de Zuloaga: "Retrato de la Condesa
Mathieu de Noailles", donado entonces al Museo por Ramón de
la Sota, "Retrato del cantor Búffalo", en el Museo Zuloaga
de Zumaia, "Retrato de Madame Malinowska", ahora en el Centro de
Arte Reina Sofía de Madrid y "La enana Doña Mercedes",
perteneciente al Musée d'Orsay.
ALBERTO CASTRO
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