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Editorial Panoramas Facetas Negocios Hace una década Página abierta
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ELORRIO Y TUMBAS DE ARGIÑETA, MONUMENTOS DEL PASADO CON ALICIENTES DE HOY Otra característica de Elorrio es su abundancia en bellísimas cruces de piedra labrada, la mayor parte de los siglos XV y XVI Es imposible dejar fuera a Elorrio en el trazado de la más elemental lista de rutas y paseos por Euskal Herria, ya que pocos conjuntos monumentales habrá en el País Vasco tan espléndidos como el casco antiguo de esta población. Una vez aquí, se hace difícil señalar un edificio cualquiera, palacio, iglesia o convento, como más importante, vistoso o destacado que otro. Todo el núcleo del pueblo ha sido declarado, desde 1964, conjunto monumental histórico-artístico.
La iglesia de la Purísima, en pleno centro del pueblo, alberga un notable retablo barroco, pero también un exótico altar de líneas orientales que se levantó en honor al santo local, Berrio-Otxoa y que hoy guarda sus restos mortales. La Villa de Elorrio se fundó en el siglo XIV, para evitar correrías de grupos vecinos, que asolaban, de cuando en cuando, esta parte del Señorío. Así consta en la carta fundacional de la población, documento del año 1356. Fue también Don Tello, Señor de Vizcaya, el que dio la orden de crearla. Tan sólo quedan hoy escasos vestigios de las magníficas murallas que defendían la Villa de los posibles ataques. Sin embargo, la puerta principal de estas defensas se puede ver todavía en los terrenos del Palacio Arespakotxaga, con sus almenas y escudo principal. Es aconsejable un paseo detallado, a pie, por estas calles que plasman,
en notables casas solariegas y blasonadas, las riquezas que arrancaron,
más allá de los mares, sus propietarios, durante los siglos
XVII y XVIII. Frente al antiguo Ayuntamiento, podemos apreciar, en la plaza
principal del pueblo, la iglesia de la Purísima, que encierra un
gran retablo barroco y, además, en otra zona lateral, un curioso
altar de estilo oriental, muy exótico para ese contexto. Es el dedicado
al santo Valentín de Berrio-Otxoa, nacido en Elorrio y muerto en
Ton-Kin.
Las cruces de piedra labrada son otro de los rasgos característicos de la Villa. Se pueden encontrar en casi todos los cruces de los principales caminos antiguos que atravesaban la población. Otra característica de Elorrio es su abundancia en bellísimas cruces de piedra labrada, la mayor parte de los siglos XV y XVI. Se pueden ver algunas, señalando los cruces de caminos y otros enclaves. Es destacable la llamada cruz de Gurutziaga, en la salida hacia Mondragón. Hay otra, destacable, ante el convento de Santa Ana y, además, están las de Iguria, Kurutzebarri, San Roque, etc. Entre los edificios cuya visita merece la pena están los palacios de Tola, Gaytán, Láriz, Modet y el ya citado antes de Arespakotxaga. La casa natal del santo Berrio-Otxoa se encuentra, también, en el centro del pueblo, cerca de la plaza donde se ubican el ayuntamiento y la Iglesia de la Purísima. Algo clásico de esta Villa, ya dentro de lo puramente gastronómico, son sus famosas morcillas (odolostes, en euskara), que han motivado hasta canciones festivas en su honor. Se pueden adquirir, “para llevar”, o bien tan sólo probarlas en su ambiente, en algunos de los bares, carnicerías y buenos restaurantes que hay dispersos por el casco antiguo de la población. NECRÓPOLIS DE ARGIÑETA Remataremos dignamente la visita a Elorrio con una incursión por el vecino espacio que abarca la ermita y su anexa necrópolis de Argiñeta. Desde el centro del pueblo supone un paseo de un par de kilómetros escasos, hasta llegar al enclave. Los eruditos e historiadores no se han puesto de acuerdo todavía sobre el origen exacto de los misteriosos sepulcros y estelas de piedra tallada que dan al umbrío bosque de hayas un clima esotérico. Con día soleado, el lugar es un remanso de paz. Sean, o no, enterramientos celtas o visigodos, lo cierto es que en Argiñeta encontraron un espacio especial, tamizado por la luz suave que se filtra entre los árboles. Hay algo que prende rápidamente en el visitante al observar estas piedras y que consigue traer a la memoria rasgos inconexos de nuestros propios orígenes como pueblo. El entorno de la ermita tiene unas buenas vistas sobre la población
de Elorrio. Una fuente y algunos bancos ayudan a conseguir el descanso,
si la breve excursión ha llegado a fatigarnos. Por lo demás,
poco nuevo se puede decir ya sobre este punto de misterio que el conjunto
tiene, ya que han sido varios los libros y publicaciones que se han escrito
sobre el mismo.
Todo el casco antiguo de la población de Elorrio está declarado “Conjunto monumental e histórico”, por la cantidad y la calidad artística de las edificaciones que esta población contiene. La situación de la Villa de Elorrio, en el mismo límite con Gipuzkoa, hace de este pueblo un lugar casi inevitable para el visitante que tenga como meta Durango o Mondragón, y que esté interesado en la historia de Euskal Herria. Además, para los montañeros, tiene gran interés por su proximidad al macizo de Udala, al Amboto, al Betsaide y al Memaia, entre otros. FIESTA DE “ERREBONBILLOS”
La marcha, desde cada uno de los puntos del recorrido hasta el siguiente, se hace de forma marcial, en fila de a uno, precedidos de txistularis y de un “capitán”. El riguroso orden militar cede a la alegría de las músicas y de las explosiones que van salpicando todo el festejo. Aunque existen interpretaciones muy diversas sobre el origen de estos actos, son varios autores los que coinciden en que data, más o menos, de 1571, al regreso de un grupo de elorrianos que venían de luchar en alguna batalla (la de Lepanto, según otros) y que dispararon sus armas como alegre aviso, al llegar a su pueblo. Sin embargo, hay autores que lo asocian a una mera, aunque antigua, revista rutinaria de las armas, que fue institucionalizándose como fiesta popular. Por todo lo dicho, Elorrio ofrece unas esencias históricas poco
usuales, paisaje, montaña, excelente gastronomía, espacio
para lo esotérico, proximidad (tan sólo 38 kilómetros
lo separan de Bilbao y algunos más de Vitoria-Gazteiz o de Donostia)
y merece, más que nada, una visita sosegada, en estos días
de enero, por ejemplo.
JORGE SOBRADO (Texto y fotos)
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