Año
1. Nº 12. Diciembre de 1997
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EL DE AZPEITIA, UNO DE LOS MEJORES MUSEOS DEL FERROCARRIL DE EUROPA ![]() Locomotora de vapor "Echeverría", construida por Henschel en 1952 para la fábrica de Legazpia "Patricio Echeverría". Prestó servicios de maniobras entre la estación de Zumarraga y la citada factoría. Fue retirada del servicio en los años 60. "A muy pocos Kms. de Hendaya está uno de los mejores museos del ferrocarril de vía estrecha, de toda Europa...". Así publicaba una prestigiosa revista técnica francesa la existencia del Museo Vasco del Ferrocarril, ubicado en la población guipuzcoana de Azpeitia. No se sabe bien si por chovinismo de los galos o por europeísmo integrador, pero en la revista no se decía que el lugar estaba al otro lado de la muga, en el corazón del País Vasco. Y, respecto a la calificación, no se equivocaban. Efectivamente, el de Azpeitia es, según testimonio de numerosos especialistas, uno de los mejores museos europeos en su categoría.
Automotor eléctrico "Blancanieves". Fueron construidos en la Naval, entre 1960 y 1963 y prestaron largos años de servicio en las líneas de Bilbao a Portugalete y Santurce y también en la de Triano. Nacieron ya con características anticuadas. Quienes amen la Historia, tienen en la vieja estación de Azpeitia notabilísimos documentos reales, férreos y palpables de nuestra industrialización y de nuestro pasado más reciente. Son las antiguas locomotoras, vagones de carga y de pasajeros, tolvas, herramientas, una amplia colección de relojes ferroviarios, un completo taller mecánico de principios de siglo, efectos rescatados de viejas estaciones ya derruidas, tales como las ruidosas expendedoras de billetes de tren o los pesados equipos de almuerzo de los maquinistas y fogoneros.
Locomotora de vapor "Maite". Es de 1925 y fue construida por Barclay. CAF la adquirió en 1925 al ferrocarril Santander-Mediterráneo. El director del Museo, Juan José Olaizola, es, por supuesto, un apasionado del ferrocarril y de su historia. Se le nota su arrebato en cuanto empieza a hablar del tema y nos explica las raíces históricas de los caminos de hierro que surcaron un día estas tierras de Euskal Herria y de los que perduran hoy. Habida cuenta de que, en el País Vasco, hasta los años 50 de nuestro siglo, el ferrocarril era el único medio realmente colectivo de transporte, se llega al desarrollo de los 60 con una idea arraigada de que los nuevos planes de carreteras, el boom del automóvil, con los incipientes utilitarios, como el Seat 600, la modernización de las líneas de autobuses y otros factores de transporte iban a ir desplazando al viejo ferrocarril. Se deja, por tanto, de invertir en los trenes y en los trazados para potenciar las carreteras. Máquinas y vagones que deberían haber sido renovados entonces, siguen en servicio activo hasta los años 70, e incluso los 80.
Trolebús ingles BUT de 1952. Es el nº 73 de la Cía del tranvía de San Sebastián, y prestó servicio en la línea de Igueldo. Unidades similares rodaron por Bilbao y Donostia durante bastantes años. Hacia fines de los años 80 cambia algo la tendencia, ya que, en las carreteras y ciudades, se empiezan a acusar problemas de congestión, accidentes de tráfico, contaminación, etc. y se vuelve otra vez la mirada hacia el ferrocarril como posible salida parcial a los problemas de transporte y como vía de alivio para las carreteras. Por tanto, se vuelve a invertir en los trenes, estaciones y trazados. En el País Vasco, es en ese momento de renovación de las
viejas locomotoras y vagones cuando se aprecia que todo el antiguo material
encierra un enorme valor histórico y que sería canallesco
perderlo en las chatarrerías y desguaces. Por ello, en el año
89, el Departamento de Transportes y Obras Públicas del Gobierno
Vasco encarga un inventario del patrimonio ferroviario. El resultado es
que tal patrimonio supera, con mucho, las primeras hipótesis, en
cantidad, calidad y antigüedad de los materiales. El paso siguiente
lleva a la construcción del Museo. Se aprovechan las instalaciones
ferroviarias del desaparecido ferrocarril del Urola, en Azpeitia:
la estación, los hangares, el taller, su magnífica subcentral
rectificadora, todo convenientemente restaurado, funciona como parte básica
de este Museo.
Un aspecto del edificio restaurado de la antigua estación del ferrocarril del Urola, en Azpeitia, hoy vestíbulo y entrada principal al Museo Vasco del Ferrocarril. Muchas piezas de las que nutren esta colección estaban abandonadas en viejas estaciones o en vías muertas. Hay también vagones y máquinas que proceden de ferrocarriles privados desconocidos para muchos de nosotros: son los ferrocarriles particulares de las grandes fábricas, como Altos Hornos de Vizcaya, o las antiguas líneas de los ferrocarriles mineros. Los 30.000 metros cuadrados del museo albergan un material móvil rescatado de las garras del tiempo, que hace las delicias de los iniciados en el tema del ferrocarril pero también de los simples curiosos o aficionados. PIEZAS DESTACADAS La más reciente adquisición del Museo de Azpeitia es una
grúa móvil de vapor, procedente de Babcock & Wilcox.
Hoy en día es la única grúa móvil de vapor
que funciona en todo el Estado español. Pero hay otras piezas notables,
como la locomotora "Zugastieta", de 1888, hecha para el tren de Gernika
y que es la más antigua, en funcionamiento, de todo el Estado. Es
destacable, también, la locomotora eléctrica AEG, nº
101, del tren "topo" que llega a Hendaya, que, a su vez, es la eléctrica,
en funcionamiento, más antigua de todo el Estado. En etapa de pre-restauración
se encuentra otra locomotora de gasolina, hecha en 1911. Cuando se restaure
convenientemente y se instale en el museo será la locomotora diesel,
en funcionamiento, más antigua de todo el Estado.
La histórica locomotora de vapor "Zugastieta" nº 1, construida en 1888 en Glasgow para el ferrocarril de Amorebieta a Gernika. Es la locomotora de vapor operativa más antigua de España. Son piezas notables por sus fechas de fabricación pero hay otras que aportan el testimonio de épocas más cercanas, como los trenes metálicos, hechos en la Naval, que cubrieron durante años el trayecto Bilbao-Santurtzi, o la alegre locomotora de vapor "Maite", hecha en 1925 para la construcción del ferrocarril Santander-Mediterráneo, que fue adquirida por CAF, de Beasain, en 1931. Pocas piezas carecen de interés. Algunas, como los impresionantes vagones-cono, que transportaban el hierro incandescente salido de Altos Hornos de Vizcaya, nos recuerdan épocas doradas de la industrialización del País Vasco. Otra de las sorpresas que depara este museo es la gratuidad de la entrada.
No se cobra nada por la visita. Hay continuamente grupos de escolares,
de jubilados y de asociaciones diversas que visitan las instalaciones.
El viaje hasta Azpeitia, Azkoitia y Loyola, por sí mismo está
lleno de alicientes para fomentar un turismo entre rural y cultural. Pero,
si a todo ello se une el interés que supone esta estación
repleta de historia, con sus viejos trenes flamantemente restaurados, entonces
la ruta está completa.
Placa credencial del fabricante sobre la "Zugastieta" nº 1. Y no solamente tienen aquí cabida los temas del ferrocarril. Hay numerosas referencias complementarias a él. Así por ejemplo, los antiguos trolebuses de dos pisos, de procedencia inglesa, que circularon hace algunos años por Donostia y Bilbao, tienen su representación en uno de ellos, luminosamente pintado de azul y blanco. Era el que hacia la línea de Igeldo. Hay también tranvías, procedentes de Zaragoza y San Sebastián y no falta una representación del metro de Bilbao: una maqueta-coche que se plantó como prototipo en El Arenal para que los visitantes pudieran, en su día, apreciar cómo iban a ser los vagones por dentro y por fuera. Estas últimas piezas se agrupan en un área dedicada a transporte urbano. Como actividad complementaria, en Azpeitia, el museo organiza, cada
verano, cursillos intensivos de maquinistas y fogoneros. Estos cursillos
tienen gran aceptación y han llegado a matricularse en ellos alumnos
hasta de Alemania. En general, acuden gentes de todo tipo y procedencia,
con el denominador común de tener un gran interés por el
patrimonio industrial, la etnografía, la historia, los ferrocarriles,
los oficios desaparecidos, etc. Los grupos no son mayores de diez personas
y se hacen, cada verano, un mínimo de dos cursillos.
Billete gratuito de entrada al Museo, simulando los antiguos billetes de tren. FUTURO Existe un proyecto, a desarrollar en tres etapas, para rehabilitar
la antigua vía del tren del Urola, hasta Zumaya. Partiendo de la
estación de Azpeitia, es decir, del Museo, la primera fase, que
ya está en marcha, llegaría hasta Lasao. Este tramo se espera
poderlo inaugurar el próximo año. De este modo, pequeños
trenes históricos recorrerán el antiguo trazado hasta llegar
al mar, en Zumaya. Se potenciarán, de este modo, los valores turísticos
de toda la zona, incluyendo los balnearios de Cestona, etc.
Coches de viajeros, magníficamente restaurados. Proceden del Ferrocarril Vasco-Navarro. El propietario actual del museo es la sociedad pública Eusko Tren, a la que fueron cedidas las instalaciones por el Gobierno Vasco, en 1994, y quien se ocupa del actual mantenimiento. La visita se puede completar con numerosa literatura que se pone a disposición del visitante y a precios asequibles, en el propio vestíbulo del Museo. Poco más se puede decir, salvo que, si se miran con detalle las fotografías que acompañan este breve reportaje, apreciarán el buen grado de restauración y recuperación en que se encuentran las valiosas piezas ferroviarias con que se nutre el Museo. Como detalle curioso, el resguardo de entrada a las instalaciones toma la forma de uno de esos antiguos billetes de tren, hechos en cartón, que se sacaban en la taquilla de la estación para poder tomar el tren. Un delicioso viaje al pasado por las vías de la nostalgia y la técnica que aconsejamos como colofón de una ruta de fin de semana. JORGE SOBRADO
(texto y fotos)
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