Pulsar para ir a la página principalAño 2. Nº 22. Noviembre de 1998
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PARQUE DE PAGOETA:  NATURALEZA E HISTORIA DE LA MANO 
El último de los parques naturales de Euskadi, obtuvo la calificación por parte del Gobierno Vasco el pasado 29 de septiembre
 
El Centro de Interpretación, la Ferrería de Agorregi y una notable colección de árboles y arbustos, tres de sus valores esenciales

Aun a pesar de ser el último de los parques naturales declarados en el País Vasco hasta la fecha (29 de septiembre), el de Pagoeta puede considerarse como el más veterano de todos, puesto que ya hace muchos años que la Diputación Foral de Gipuzkoa emprendió aquí su política de protección de la naturaleza y educación medioambiental. 

El Parque de Pagoeta se destaca, esencialmente, por tres motivos: el Centro de Interpretación, la Ferrería de Agorregi y el "arboreto" o jardín botánico, además de las variadas posibilidades que concentra para el esparcimiento y el conocimiento de testimonios de la evolución histórica de Gipuzkoa. 

LA VISITA 
El Parque Natural de Pagoeta, enclavado en el término municipal de Aia, tiene cerca de 2.860 hectáreas, es decir, prácticamente el doble de lo que en su día fue la finca gestionada por la Diputación Foral de Gipuzkoa. El monte más alto es el Pagoeta, con 714 metros de altura. 
 


El Parque Natural de Pagoeta integra valores naturales y testimonios de la tradición cultural e industrial vasca. Foto: "Bizia".

Para llegar al Parque desde Bilbao o Donostia-San Sebastián hay que tomar la N-634 hasta el alto de Orio, donde un desvío hacia Aia por la carretera GI-2631 nos lleva, por la izquierda, hasta el aparcamiento de Iturraran. A un centenar de metros se ubica el caserío donde está situado el Centro de Información e Interpretación. 

Es muy interesante y práctico iniciar aquí la visita, puesto que además de los datos esenciales sobre los recorridos, valores naturales, maquetas y gráficos del espacio natural, se muestra una serie de aspectos etnográficos de relevante interés. Entre ellos se encuentran las labores de producción del carbón vegetal, las herramientas y utensilios para las labores de tejido, caza y labranza. 

Desde el Centro pueden tomarse distintas opciones. La primera de ellas es efectuar un recorrido para conocer la enorme variedad de árboles que se han ido plantando a lo largo de los años. En la actualidad, el "arboreto" cuenta con 1.700 taxones diferentes, representando árboles y arbustos pertenecientes a 114 familias; de ellos, aproximadamente 1.000 especies y 300 subespecies, variedades y cultivares. A través de senderos señalizados se pueden ver, debidamente etiquetados, con datos de familia, género y especie. 

Formando parte de este entramado didáctico-educativo, el Centro dispone de un colmenar y, en otro espacio más alejado del caserío, el Parque tiene una finca donde cría un grupo de ciervos en semilibertad y, en los últimos años, se han realizado repoblaciones de faisanes, corzos y liebres. 

FERRERÍA DE AGORREGI 
Pero en el Parque existe un valor especialmente interesante: la Ferrería de Agorregi. Para acceder hasta ella basta con seguir las señales que salen del mismo Centro y nos acercan ladera abajo hasta el complejo. Hoy en día, y tras las consiguientes restauraciones, se encuentran en buenas condiciones de uso la propia ferrería, los molinos, las presas y los canales, que se ponen en marcha todas las semanas para reproducir la forma de trabajo vigente en el siglo XVIII. 


La Ferrería de Agorregi reproduce fielmente el trabajo del siglo XVIII. Foto: Diputación Foral de Gipuzkoa.

La historia de la ferrería del lugar se inicia en el siglo XV, cuando el rey de Castilla, Enrique IV, le ofrece este privilegio a Juan de Abendaño. Y aunque a mediados del siglo XVI se terminó la actividad de los ferrones para el trabajo del hierro, el molino siguió funcionando hasta el siglo XVII. 

A mediados del siglo XVIII se reconstruyó el complejo, gracias a su propietario, Joaquín de Lardizabal. El arquitecto Francisco de Ibero diseñó el actual edificio, con innovaciones importantes en la recepción de las aguas de las regatas del lugar y los depósitos. 

Hoy, tras la restauración llevada a cabo entre 1986 y 1991, se puede ver una fiel recreación de los sistemas de trabajo del siglo XVIII. 

El funcionamiento de la maquinaria de la ferrería y de los molinos se puede contemplar mediante visita guiada todos los domingos y festivos a partir de las 11,30 de la mañana, excepto los meses de verano, en los que las demostraciones son más numerosas. 

Dentro de los límites del Parque existe también una buena razón para la visita: el pueblo de Aia. En su término municipal, donde se encuentran las cuevas de Altxerri -cerradas al público- y sus pinturas, de unos 12.000 años de antigüedad, se pueden rastrear aspectos de su evolución histórica y cultural. 

Ya en el siglo XV existía una población fija en el lugar; y desde entonces, además de la agricultura, se desarrollaron actividades industriales que han dejado claros testimonios. Carboneras, caleros, molinos y ferrerías nos hablan de un pasado pleno de actividad económica en el área. Hoy se conoce la existencia de las ferrerías de Arrazubia, Illarramendi, Olalde, Manterola y, claro está, Agorregi. 

En el barrio de Laurgain aún están en pie la torre del mismo nombre, levantada en el siglo XV, la iglesia de San Miguel, del siglo XVI, y el calvario. 
 

ALBERTO CASTRO

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