Pulsar para ir a la página principal Año 2. Nº 22. Noviembre de 1998 
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UN MUNDO DE NOSTALGIA CON "JUEGOS Y JUGUETES", EN EL MUSEO ARQUEOLOGICO

La muestra reúne juguetes y otros elementos de juego populares, desde fines del siglo XIX hasta los años 50 y 60 de nuestro siglo
 
Hay un abismo generacional entre aquellos incómodos, chirriantes y renqueantes artilugios y los aerodinámicos, coloristas y silenciosos de hoy

La exposición de los que, hasta hace algunos años -unos cuarenta-, fueron los juguetes habituales de los niños de la posguerra, denota el fuerte cambio sufrido en las costumbres y hábitos de juego de los más pequeños. El tráfico de nuestras calles en las actuales ciudades, el radical cambio en los aspectos familiares y, sobre todo, la intromisión en nuestras vidas de ese tirano llamado televisor, han variado sustancialmente el uso que los niños hacían de sus juguetes y han marcado un total cambio en el diseño y materiales que configuran estos mismos. Los juguetes de los años 40, 50, 60... son hoy arqueología.

Uno de los muñecos de la exposición.

Quizá sean solamente motivos técnicos y de estudio, o quizá sea también algo de nostalgia personal lo que ha movido a los responsables de esta exposición a agrupar los materiales mágicos que la componen. Porque sólo quienes guardan algo de sus almas infantiles son capaces de ver la ilusión encerrada en estos viejos trenes de hojalata, en las fascinantes casas de muñecas, o en los ojos enloquecidos del "Nicanor que toca el tambor".

El caso es que, hasta el último día del mes de enero próximo, quienes se acerquen por el veterano Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico Vasco, situado en el Casco Viejo bilbaíno, podrán disfrutar como niños contemplando los objetos que allí se exhiben.

Convenientemente catalogados y organizados en cuatro grupos, los juguetes y elementos de juego se muestran al visitante en su estado puro, muchos de ellos con trazas de haber sido disfrutados ampliamente por quienes hoy serán, casi con toda certeza, ya curtidos padres o acaso pacientes abuelos.

La muestra está ubicada en la tercera planta del Museo y reúne juguetes y otros elementos de juego populares, pertenecientes a un espacio histórico que arranca a fines del siglo XIX y termina en los años 50 y 60 de nuestro siglo.

Un recorrido lógico nos introduce en el apartado de los juguetes en miniatura. Ahí podemos ver muñecos y muñecas de varios tipos, sin que falten los de cartón piedra, que suplían a los realmente ansiados, de porcelana. Cochecitos de paseo, cunas y otros elementos complementarios a la vida del bebé-muñeco, completan la zona. Siguiendo la natural tendencia imitativa de los niños, las miniaturas tienden a reproducir en pequeño y para los pequeños el mundo de los mayores.


Dibujo del catálogo de la exposición.

Ni que decir tiene que, además de los padres y abuelos, los que verdaderamente celebran esta exposición son los pequeños. Sin tiempo aún para almacenar recuerdos, los niños se divierten o se horrorizan con los artilugios con los que sus padres y madres entretenían el ocio de la primera mitad de este siglo.

Nadie podrá ahora reprender a sus hijos por jugar con elementos peligrosos o cortantes. Algunos fabricantes de juguetes, a los que las normativas de seguridad marcan ahora muy de cerca, sonreirán con ironía al ver los dardos, estiletes, flechas, "tiragomas" y restante armamento que nutría algunos juegos de los mocitos de hace cinco o seis décadas.

Otro apartado nos muestra los juegos que eran desarrollados en un determinado campo, pero al aire libre, por los niños y niñas de la época. Se muestran, después, instrumentos musicales infantiles, que cumplían una función didáctica como juguetes: la de iniciar en las primeras notas de solfeo a los pequeños. Entre ellos, el xilófono, un juguete que aún hoy se sigue disfrutando, aunque hecho en materiales distintos.

Una última parte agrupa los elementos de diversión infantil que integran una función educativa, tales como los juegos de mesa, rompecabezas variados, arquitecturas, recortables, coleccionismo de cromos, "tebeos" y otras lecturas, papiroflexia, juegos de magia... Pero llaman notablemente la atención unos maravillosos teatrillos de cartón, con sus telones y decorados, concha de apuntador, etc., en los cuales se podrían representar imaginarias y fantasiosas obras de teatro o de danza.

Muchos serán los recuerdos familiares que susciten los juegos tradicionales de mesa, como la lotería, el parchís, la oca o los "juegos reunidos". Largas horas con ellos, en las tardes de invierno, han hecho disfrutar a varias generaciones, antes de la aparición masiva de la TV.

En cuanto a los juguetes de movilidad y desplazamiento, como los triciclos y bicicletas, hallaremos un abismo generacional entre aquellos incómodos, chirriantes y renqueantes artilugios y los aerodinámicos, coloristas y silenciosos triciclos y bicis de hoy, hechos en gran parte de materiales plásticos. O las increíbles "mountain-bikes" que pueblan los montes y jardines. Otros "vehículos" juveniles, como las goitiberas o los patinetes de antaño, chocarían hoy claramente con la más dura oposición paterno-materna, por causa de la peligrosidad de nuestras calles y carreteras. Sin embargo, no es raro que estos mismos padres cedan ante la aparente seguridad de un monopatín, con el que sus hijos sortean el tráfico urbano hasta llegar al parque.

No solamente el poder de evocación es importante en esta exposición sino, sobre todo, el valor testimonial e histórico, como reflejo de un pasado inmediato, de sus costumbres urbanas y rurales, de los grandes cambios habidos en esos dos mundos citados: el campo y la ciudad. Y es importante recogerlos y agruparlos de esta forma para poder apreciar cómo los cambios sociales, a los que van aparejados, han ido sustituyendo unos valores por otros y han remodelado nuestra sociedad hasta lo que es hoy.

La muestra permanecerá abierta hasta el 31 de enero del año que viene, lo cual hace augurar que sea muy visitada por escolares, aunque también todas las personas que sobrepasen los cuarenta encontrarán en ella amplios motivos de reflexión y recuerdo al revivir el mundo de sus infancias.
 

JORGE SOBRADO

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