Año 1. Nº 10. Octubre de 1997


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LOS CINCO MONTES BOCINEROS DE BIZKAIA: EXCURSIONES PLENAS DE HISTORIA
Oiz, Sollube, Gorbea, Kolitza y Ganekogorta eran las cimas desde las que se convocaba a Juntas Generales
A finales del siglo XVI las formas cambiaron y el sistema de los montes bocineros se sustituyó por el de despacho de mandamientos de convocatoria

El magnífico cinturón natural que conforman los cinco montes históricos de Bizkaia, llamados bocineros por estar enclavados en ellos las bocinas o cuernos de llamada utilizados en la convocatoria a Juntas Generales, nos va a servir a modo de guía en el recorrido, mitad turístico, mitad histórico que nos hemos planteado.

En sus principios, las Asambleas o Juntas Generales de Bizkaia estaban formadas por todo el pueblo. Con el comienzo del Señorío, esta participación popular se fue restringiendo y cediendo puestos a una "especialización" jerárquica. De este modo, se creó un órgano de gobierno, con sus cargos de Oficiales. Estos, junto con los Apoderados o Junteros de cada zona de Bizkaia, se fueron congregando en lugares muy concretos para tratar los asuntos relativos a cada parte.

Las Juntas Generales fueron haciendo un trabajo sobre todo legislativo. Las leyes primitivas se basaban en las costumbres y no eran leyes escritas. Las Juntas fueron plasmando en documentos su actividad y, por ello, quedaron reflejadas en esos viejos textos lo que hoy son leyes históricas. Es decir, el espíritu de las leyes ancestrales de estas tierras.

Las formas de convocar a los junteros a las reuniones periódicas han ido variando a través de los tiempos. Hasta finales del siglo XVI, tiempo en que se comenzó a utilizar el nuevo sistema de despacho de mandamientos, las Juntas Generales de Bizkaia eran convocadas por el antiguo y bello procedimiento de ir haciendo sonar las cinco bocinas o cuernos situados en las cumbres de otros tantos montes. Estos eran lugares estratégicos que dominaban amplios valles o parajes extensísimos y desde ellos se abarcaba prácticamente la totalidad del territorio.

Con el transcurrir del tiempo, el monte Oiz, el Sollube, el Gorbea, el Ganekogorta y el Kolitza, se han quedado en la historia con el nombre de su función y son los llamados "montes bocineros". También el uso dio lugar, en su época, a la creación de un nuevo oficio: el de bocinero o encargado de tañer la bocina en cada monte, según consta en documentos de los siglos XIV y XV. Eran cinco, uno por cada merindad, y su nombramiento era competencia de quien ostentaba el cargo de Merino.

Los ecos de estos sonidos recorrieron los valles y vegas vizcaínos durante toda la Edad Media cada vez que había necesidad de asamblea. Sus arcaicos sones podemos hoy imaginarlos junto al resplandor de las hogueras que, en cada una de las cumbres, se iban encendiendo para recordar a los junteros y al pueblo en general que la reunión se iba a celebrar.

EL MONTE OIZ


El monte Oiz sigue siendo un centro estratégico de comunicación. Pero ahora las antenas han sustituido a las bocinas. Foto: Javier Bustamante.
Teniendo en cuenta su proximidad a la villa de Gernika, podemos comenzar la relación de excursiones a los montes bocineros por el Oiz. Subir a su cumbre no es de gran dificultad a nada que estemos familiarizados con las cimas del País Vasco. Para el ascenso hay varios caminos. Uno de ellos lo podemos iniciar tomando la carretera Zornotza-Gernika hasta llegar a Zugastieta y, desde allí, a Urrutxua. En esa zona comienza propiamente la subida, bordeando la cara norte del monte. La altura total del Oiz es de 1.026 metros.

Llegaremos, por esa ruta, a la ermita de San Cristóbal. Desde allí podemos tardar casi una hora más en culminar la cota más alta del monte. En el recorrido, la vista es extraordinaria: frente a nosotros aparecerán los pueblos de Arbazegi y Gerrikaitz, más al fondo Nabarniz, junto al monte Iluntzar, después Lumo y Gernika, con su ría y marismas de Urdaibai. Para quienes no se atrevan con las alturas recomendamos la visita al Mirador de Bizkaia, situado en la misma carretera que nos ha traído hasta las faldas del Oiz. Tampoco es mala opción la visita a la cercana Colegiata de Cenarruza/Ziortza o a la Puebla de Bolibar, cuna de los antepasados del libertador Simón Bolívar, donde hay un pequeño museo.

SOLLUBE, CERCA DEL MAR


Entre la niebla, en lo alto del Sollube. Foto: Javier Bustamante.
Otro de los montes bocineros tradicionales es el Sollube. Este monte mide 680 metros y su acceso, hoy, es sencillo, ya que existe una cómoda carretera hasta su misma cumbre. Si queremos salirnos de la dócil monotonía del asfalto, podemos emprender un camino de ascenso algo pintoresco marchando desde Meñaka, población situada a un par de kilómetros de Larrauri.

Meñaka, que conserva aún cierto tipismo, está situada sobre las mismas estribaciones del Sollube. El recorrido no es apenas duro y, una vez arriba, el paisaje que se nos ofrece va a compensarnos de forma holgada por el esfuerzo. Situado en un enclave estratégico del mapa vizcaíno, cercano al mar, el Sollube es un magnífico balcón para ver los montes vecinos de Ganguren y Artxanda, la vega de Mungia, Zamudio, Larrabetzu y, más al fondo, las crestas del Pagasarri y el Ganekogorta, también bocinero. Desde aquí se iba comunicando, por el viejo medio de la bocina, la noticia de una próxima convocatoria de Juntas Generales. 

EL GORBEA, EN EL LIMITE CON ARABA

 


La inconfundible cruz del Gorbea, en la cumbre. Foto: Alberto Castro.
¿Qué se puede decir sobre este mítico monte que no haya sido ya antes dicho? Cantidad de pistas y caminos forestales conducen hasta la característica cruz de metal, que corona la cima. Esta ruta montañera es quizá la más popular que pueda haber en el País Vasco ya que, por su ubicación, reúne a gentes tanto de Bizkaia como de Araba. Pagomakurre es el camino más habitual como punto de partida hacia las campas de Arraba, y desde allí, hasta la cruz de la cumbre, en la que los montañeros noveles tiene por casi obligatoria la foto de testimonio. Allí mismo debían de estar las hogueras de aviso, junto al bocinero de la merindad, hace más de cinco siglos, para convocar a los junteros a sus obligaciones en las Juntas.

Sin embargo, quienes se animen a un trayecto de mayor envergadura por todo el macizo de Gorbea, pueden descender de la cima hasta el pueblo alavés de Murua, lo cual completará la excursión y les dará una visión de la dimensión del macizo mucho más real.

EL KOLITZA, EN LAS ENCARTACIONES


En lo alto del Kolitza, con el monte Burgueno al fondo. Foto: Javier Bustamante.
El cuarto monte bocinero, el Kolitza, se sitúa en tierras encartadas. Poco conocidas aún para mucha gente, las Encartaciones encierran paisajes de gran belleza y poblaciones llenas de edificaciones nobles, que son vestigios de un rico pasado histórico. Se suele considerar a Balmaseda como la capital de esta comarca. Las Juntas de estas tierras encartadas se reunían en Avellaneda pero enviaban a su representante a las de Gernika.

En esta visita al cercano monte Kolitza, proponemos antes un paseo por Balmaseda. Fundada en el año 1199, esta villa no pasó a formar parte del Señorío de Bizkaia hasta el siglo XIII. El comercio que llegaba de Castilla por el valle de Mena atravesaba forzosamente este enclave, camino del interior de Bizkaia y de las costas. Como fruto de este tráfico comercial, la villa desarrolló una gran actividad mercantil.

Comenzaremos el ascenso hasta el monte bocinero en el barrio de La Herbosa. De allí, pasando por la casa forestal de El Garmo, encontraremos el área recreativa de La Porqueriza, un buen lugar para otra excursión dominguera. Desde ese punto se llega fácilmente a la cima del Kolitza. Una vez arriba, observaremos la ermita gótica de San Sebastián y San Roque, desde la que hay una excelente vista de la comarca. El regreso a Balmaseda se puede hacer, después de La Porqueriza, por Pandozales, variando de esta forma el recorrido. Aquí también se plasma el recuerdo histórico del uso de la cumbre del Kolitza como atalaya de llamada a las Juntas.

GANEKOGORTA, EL MAS PROXIMO A BILBAO


Panorámica desde la cima del Ganekogorta. Foto: Javier Bustamante.
Hemos dejado para el final el accesible Ganekogorta, muy cercano a Bilbao y a Barakaldo, lugar de esparcimiento para muchos aficionados montañeros de la capital vizcaína y de la margen izquierda en general. Al lado de hermanos tan mayores (no tanto en altura pero sí en dificultad) como el Gorbea o el Oiz, el Ganekogorta parece quedarse algo atrás en méritos o en historia. Y no es así. Viene siendo tradicional por su cercanía que los bilbaínos lo clasifiquen, junto con el Pagasarri, como monte de excursión dominguera. El "Ganeko", con sus 1.000 metros de altura es el más elevado de los de su entorno.

Algún cronista de montaña ha dicho de este monte que es el mayor regalo que la naturaleza ha hecho a Bilbao, ya que situarse de los cero metros a los mil metros en tan sólo noventa minutos, es una posibilidad que en muy pocos lugares podrá darse. Aquí también se tañeron las bocinas convocantes de Juntas y se encendieron las hogueras avisadoras. Hoy, la aldea global usa otros tam-tam, que podemos ver en las crestas de muchos otros montes en forma de repetidores telefónicos, de televisión, antenas de radio, torres de vigilancia, balizas aéreas, etc.

A finales del siglo XVI las formas cambiaron y el sistema de los montes bocineros se sustituyó por el de despacho de mandamientos de convocatoria, que eran realizados por los dos prestameros y los cinco merinos. Se puso así fin a un sistema de comunicación humana tan bello como ancestral.
 

JORGE SOBRADO

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