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SU
PASIÓN
VIVIENTE
Y
SUS
"PUTXERAS"
SON TRADICIONES FAMOSAS INTERNACIONALMENTE
Balmaseda,
capital de Las Encartaciones y primera villa fundada en Bizkaia, hace
ocho siglos
En Semana Santa,
los balmasedanos se convierten en actores para renovar una antiquísima
tradición, la representación dramática de la Pasión de Cristo
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El Puente Viejo,
sobre el río Cadagua, fue el único paso entre la costa y
Castilla en su área. |
Dos
aspectos distinguen al municipio de Balmaseda, situado a 30 kilómetros
de Bilbao: el ostentar la capitalidad de la comarca de Las
Encartaciones-Enkarterriak, la más occidental de Bizkaia, y el ser la
primera villa que se fundó en el territorio vizcaíno.
En
1999 celebró con brillantez la efemérides de su ochocientos aniversario.
Fue un 24 de enero de 1199 cuando Don Lope Sánchez de Mena, Señor de
Bortedo, procedió a la fundación, otorgando el Fuero de Logroño y una
serie de privilegios.
Esta
villa es famosa internacionalmente por sendas tradiciones: la
representación de la Pasión Viviente por parte de los vecinos y, en el
aspecto gastronómico, las
"putxeras",
recipientes de origen ferroviario en los que el cocido de alubias y sus
aditamentos cárnicos no sólo resulta sublime, sino que además suscita
disputados concursos.
LA
"CIUDAD
DEL MUEBLE"
Ubicada junto al río Cadagua, con una población que ronda los 7.000
habitantes y bien comunicada con Bilbao por carretera y ferrocarril,
Balmaseda es conocida también como la
"ciudad
del mueble",
por la fabricación aquí de enseres de madera de calidad y a medida. Es
la base del tejido productivo, junto con la industria del metal.
Mantiene su actividad un veterano maestro del oficio, Faustino Puente,
el único artesano que trabaja el cobre en toda la provincia.
El
término municipal limita con los de Arcentales, Sopuerta y Zalla, de
oeste a este, y por el sur con el valle burgalés de Mena. Se asienta en
una zona de terreno montuoso en el que la máxima cima la aporta el
Kolitza (874 metros), rodeada de bellos paisajes.
IMPORTANTE PATRIMONIO MONUMENTAL Y ARTÍSTICO
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La ermita de San
Roque, en la cima del monte Kolitza. |
La
estratégica situación de
Balmaseda
en el Camino Real que unía la meseta y el mar Cantábrico, le permitió
consolidar, hasta el siglo XVIII, su mercado, sus gremios y su aduana, y
constituir un pequeño emporio en la Baja Edad Media, a lo que ayudó en
parte la colonia de judíos que habitaron en su aljama hasta que fueron
expulsados, a finales del siglo XV.
La
aparición del ferrocarril a últimos del siglo XIX hizo que Balmaseda
recuperara parte de su pujanza industrial y comercial.
Sus
ocho siglos de historia dotan al municipio de un rico patrimonio
monumental y artístico del que forman parte, entre otras construcciones,
el Puente Viejo o de la Muza, del siglo XIII, sobre el río Cadagua, por
el que pasaba el camino de Castilla y que motiva el escudo de la villa;
la iglesia de San Severino, del siglo XV y cuyo nombre rememora una ruta
jacobea; la iglesia de San Juan, que alberga ahora el Museo de Historia;
el Monasterio de Santa Clara, cuya edificación se terminó en el año
1765; el Ayuntamiento, del siglo XVIII y del que llama la atención su
amplio pórtico de columnas, denominado
"La
Mezquita";
la ermita de San Roque y las casas emblemáticas.
Este
sobresaliente acervo constituye uno de los principales focos de interés
para el visitante, junto con la famosa Pasión Viviente de Semana Santa,
a la que luego nos referiremos; el esplendoroso Mercado Medieval, un
hito cultural que se desarrolla en el casco histórico con participación
escénica del vecindario, este año los días 20 y 21 de mayo; y la fábrica
de boinas "La
Encartada",
fundada en 1892, cerrada en 1992 y destinada a museo textil.
LA PASIÓN VIVIENTE
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La primera
referencia a la Pasión Viviente data de 1711. |
En
Semana Santa, los balmasedanos se convierten en actores para renovar una
antiquísima tradición, la representación dramática de la Pasión de
Cristo.
La
villa acoge a miles de visitantes, de las más diversas procedencias, con
motivo de este acontecimiento, que ha suscitado, y aún genera, el
interés de los medios informativos, en especial de los audiovisuales,
autonómicos, estatales e internacionales.
Según
algunos estudiosos, los orígenes se remontan a una epidemia de cólera
habida en 1480, pero la primera referencia documental no aparece en los
archivos municipales hasta 1771.
Esta
Pasión Viviente, considerada incluso como un auto sacramental, se
escenifica desde ese año, con excepción del paréntesis de la guerra
civil (1936-39). Encierra un gran valor artístico y humano, y son más de
quinientos los lugareños que actúan, motivados incluso por cuestiones
religiosas o por promesas.
Los
principales personajes del drama los encarnan cada año vecinos
diferentes, y de esta forma un obrero, un administrativo, un funcionario
y hasta un empresario pueden interpretar el papel estelar de Cristo, rol
muy solicitado porque se considera un honor desempeñarlo.
El
Jueves Santo por la noche se escenifica la Última Cena, la Oración del
Huerto y el Prendimiento. El día de Viernes Santo comienzan a sonar los
tambores de la guardia romana tras amanecer, y todo queda listo para la
escenificación del desenlace de la Pasión: el Vía Crucis, la crucifixión
y el traslado del cuerpo al sepulcro.
Lo
que más llama la atención es el fervor y la veracidad histórica que
acompañan a esta representación, lo que constituye para los visitantes
una experiencia inolvidable.
EL
CONCURSO INTERNACIONAL DE
"PUTXERAS"
La
conmemoración del patrón de Balmaseda, San Severino, el 23 de octubre,
es sin duda la festividad más popular y participativa de las que tienen
lugar en la villa.
Dentro del programa sobresale el Concurso Mundial de Putxeras, un
certamen que ha superado las tres décadas de existencia, y cuyo éxito ha
hecho que haya sido
"clonado"
en otros lugares.
La
"putxera"
es en la actualidad una especie de olla adaptada a una pequeña estufa y
que permite la elaboración de sabrosos guisos, obteniendo la fuente de
calor de las brasas que se almacenan en la parte baja del utensilio.
Su
origen data de finales del siglo XIX, cuando el
"tren
de La Robla"
unía la villa con las montañas de León. Los ferroviarios cocinaban en
una cazuela alta que llamaban puchera ("putxera")
y que colocaban en la salida de vapor de la caldera de la máquina.
Alubias y carne se cocían lentamente y horas después la comida estaba
lista.
En la
"putxera"
introducían alubias, tocino, chorizo, morcilla y otros productos
porcinos, que conformaban un plato
"único"
y potente, pero muy sabroso.
Cada
23 de octubre, gratos aromas de “putxeras” inundan las calles
balmasedanas, surgidos de decenas de grupos que, con sabiduría y cariño,
se disponen a competir con sus cocidos de alubias con “sacramentos”.
Dicho
utensilio es además un preciado objeto de artesanía que, en tamaño
pequeño, suele ofrecerse como reconocimiento a los amigos de Balmaseda,
una villa que, enfatiza su alcalde, Joseba Zorrilla,
"hunde
sus raíces en un pasado esplendoroso"
y que "afronta
su futuro con optimismo".
www.balmaseda.net
www.viacrucisbalmaseda.com
José Ruiz
Fotos: Beñat Bustamante
Foto de la Pasión: www.viacrucisbalmaseda.com
Para ver más fotografías de Balmaseda,
pulsar sobre las siguientes miniaturas:
Iglesia
de San Severino.
Ayuntamiento.
Soportales
del Ayuntamiento.
Puente
Viejo.
Iglesia
de San Juan, sede del Museo de la Historia de Balmaseda.
Palacio
Horcasitas.
Patio,
en el conjunto monumental Santa Clara. |