|
|
|
|
Las palabras y
los hechos
En un momento de la película "Sopa de ganso", Groucho
Marx se dirige a Margaret Dumont con esta frase, que ha pasado a la
antología de las citas célebres: "¿A quién vas a creer, a mi o a tus
propios ojos?".
Algo parecido parece decir ETA a la sociedad vasca y
española: "¿Qué vais a creer, el comunicado en el que decimos que
seguimos manteniendo el alto el fuego permanente o la bomba que ha
matado a dos personas?"
Cuando se trata de justificar lo injustificable, los
argumentos parecen cómicos, si no fuese porque los resultados son
trágicos. No se puede argumentar que sigue el alto el fuego porque,
aunque atentan, avisan antes de que lo van a hacer. Parece el argumento
de un chiste de Gila. Y no se puede acusar a la otra parte de los
resultados, las muertes ocasionadas, porque está claro que no se puede
ir coche por coche mirando, por si alguien está dormido dentro. En este
atentado han muerto dos personas, pero también podía haber muerto
alguien cuando se queman cajeros o autobuses, o cuando se intenta
linchar a un policía municipal.
Euskadi necesita y exige la paz. Y el camino, que
parecía estar construyéndose, se ha desdibujado y nuevamente se ve
alejarse una posibilidad por la que apostaba la inmensa mayoría de los
vascos. Ha habido momentos en que se veía todo tan cerca, que la
desilusión es grande. Pero no puede dejarse que la situación se pudra y
que todo vuelva a ser como antes. Con su actuación, ETA ha dejado al
gobierno sin el respaldo parlamentario que le autorizaba a negociar en
una situación de ausencia de violencia. Es, por tanto, ETA quien debe
ahora tomar la iniciativa si de verdad quiere conseguir una paz
satisfactoria para todos. Pero ahora es más difícil, porque en estos
momentos no valen las palabras. Lo que cuentan son los hechos.
|
|
|
|
|